Puerto Príncipe, Haití, enero 12.- Un silencio inusual recorre hoy las calles y los cementerios de Haití, donde centenares de personas siguen llegando, vestidos de blanco, para recordar a los más de 300 mil muertos que ocasionó hace dos años el terremoto.
Sin embargo, muy pocos conocen dónde están sus muertos, pues con tantos fallecidos por el sismo del 12 de enero de 2010, los cadáveres fueron apiñados sin nombres en fosas comunes, comidos por animales, o quemados.
Dicen quienes estuvieron aquí en esas fechas que el olor indescriptible de la carne humana chamuscada se sintió por meses en Puerto Príncipe.
Así, Haití es hoy, un día después de celebrarse los dos años de aquella tragedia, uno de lo mayores cementerios del Caribe, cementerio de sí mismo y de miles de muertos que no recibieron digna sepultura aquel enero.
En St Christophe, al norte de Puerto Príncipe, se encuentra la mayor fosa común labrada con el desespero de los cadáveres que empezaban a corromperse en los días posteriores al terremoto.
Cientos de sobrevivientes de aquel día llegaron ayer y llegarán hoy hasta allí, para colocar una flor, o rezar algún conjuro, sin saber, a ciencia cierta, si en ese lugar descansan sus seres queridos.
Todos guardan un silencio casi culpable, como si hubiera culpa en haber sobrevivido a aquellos 36 segundos de temblor, que dejaron un país en ruinas y a la gente sin esperanza, algunos casi muertos vivos, como aquellos seres de las leyendas del vodú.