Tiempos de vacas flacas




(Las vacas están flacas en los partidos políticos, más no por la sequia, sino por falta de alfalfa mental)

Recorriendo las calles de mi ciudad en el continuo ir y venir de estos ajetreados días posteriores al regreso a clases, aún sin tener que sortear ya los miles de baches y hoyancos que durante los dos últimos trienios se habían convertido en verdaderas amenazas para los vehículos y los peatones, con el ferviente deseo de tener cuatro ojos en vez de dos para poder evadir a los y las cafres del volante que abundan en nuestras calles, y tratando de conservar la vida en las calles de esta loca ciudad que parece haber enloquecido aún más con el correr de los años y el crecimiento desbordado, aún me queda capacidad suficiente para echar una mirada enfurruñada a los cartelones espectaculares con propaganda política que empiezan a contaminar visualmente el deprimente paisaje citadino.

Está perfectamente claro dónde está y a dónde irá el dinero político, quiénes lo traen, de dónde proviene y en qué lo piensan utilizar. Aspirantes a candidatos de ínfimo perfil, algunos sin los menores merecimientos para buscar ya no digamos para ocupar un cargo público, están dando pistas para determinar que están decididos a gastar lo que sea en estos inútiles espectaculares, ya que los pendones y estandartes que antes tapizaban con mensajes las calles y avenidas han sido prohibidos por la ley en las ciudades de Sonora. Da coraje y bulle la sangre en las venas cuando uno piensa que esos jovenazos sin pasado ni futuro pretenden engancharnos con “ingeniosas” frases, a cual más de ridículas. Y también uno que otro viejazo que ha pasado por uno o varios puestos de elección dejando un penetrante olor a azufre.

La gran mayoría de estos jóvenes pertenecen a la variedad humana conocida como los “ninis” prototípicos que ni pichan, ni cachan ni dejan batear. Personitas que nunca han tenido algún empleo serio, que nunca han ocupado algún puesto de importancia y que, desde luego, no tienen ni idea de lo que es crear una empresa y arriesgarse en el mundo brutal de la competitividad moderna. Nuevos y viejos elementos -hombres y mujeres al 50 por ciento- con los que los diferentes partidos integrarán sus propuestas para competir en la campaña que viene.

En una parte de esa propaganda abusiva, insulsa e inútil, predomina el color azul, señal de que todos ellos militan en el mismo partido, pero sorpresivamente uno de esos viejarros que anhela mantenerse pegado a la gran chichi presupuestal, está utilizando un color rojo que no le corresponde por ser ajeno. Este tipo, que a diario muestra en sus acciones y manifestaciones su voracidad y desquiciamiento, los vicios adquiridos en los largos años de moverse en los sótanos de la política, una absoluta y total ausencia de tacto y delicadeza al intentar proyectar su imagen hacia los cuatro puntos cardinales en busca de un posicionamiento adelantado que lo ubique en el ánimo de los futuros votantes de esta ciudad. Vanguardia de la turba de oportunistas de uñas largas y corazones podridos y emponzoñados que aspiran a hacer o mantener su carrera política recorriendo los amplios caminos de la corrupción política, moral y material.

Y en honor a la verdad, sus contrincantes no hacen malos quesos. No todos, porque en lo que ahora se define como una “oposición light” hay dos o tres que se salvan de la quema. Dos o tres desde luego no son muchos, si consideramos que los aspirantes constituyen una verdadera plaga que nubla los cielos de las ciudades y los pueblos sonorenses. Pero ahí están y ahí van, marchando por las calles y por la vida, al son de clarines baratos de vil plástico, y de tambores insonoros de cartón corriente.

Es lo que se visualiza y es lo que seguramente tendremos, y no hay absolutamente nada que podamos hacer al respecto. Nada, salvo tal vez ignorarlos, como se ignoran las molestias y los estorbos que nos joden la vida.

Eso es a nivel local y regional, porque aunque no tengo el don de la ubicuidad, estoy plenamente seguro de que lo que observo en las calles de mi ciudad, está empezando a suceder en el resto de las ciudades y poblados del estado. Y aún falta la propaganda de los candidatos a puestos federales de elección. El país entero inundado de propaganda chatarra, de basura inútil, más no por ello menos costosa. Despilfarro indecente y ofensivo en un país en el cual la mitad de su población se encuentra sumida en la más espantosa e irremediable miseria.

Y si en las calles nos llueven las bofetadas que nos propina la propaganda chafa y sin sentido, en los medios impresos y electrónicos la agresión no es menor. Spots de todo tipo y contenido, mensajes de programas estatales y federales que dizque son “ajenos a cualquier partido político” son transmitidos cada segundo, a cada instante, para condicionarnos la mente y tratar de obligarnos a aceptar lo inaceptable. Dos de los más conspicuos aspirantes se aventaron la puntada de agenciarse la presidencia de sus respectivos partidos, para de esa manera poder hacer sus campañas adelantadas a su gusto y capricho. Aunque no necesito identificarlos porque usted los encuentra hasta en la sopa, ellos son Ricardo (c)Anaya y Andrés Manuel Torpez Robador, un joven con mañas de viejo y un viejo con mañas de ultratumba. Tal para cual.

Y en el ciberespacio, en el universo infinito de la Internet, la cosa está por el estilo. No hay forma de impedir que se nos invada el entorno íntimo y personal. De nada sirvan los programas antispam y todos los protectores que se ofrecen como muy efectivos, la basura política sigue llegando en una marejada incontenible. La Internet se ha convertido en EL campo de batalla, superando a los añejos -y hoy casi inefectivos- medios de comunicación clásicos que luchan por sobrevivir, vendiéndose al mejor postor, o a cualquier postor, mientras esté dispuesto a pagar las 20, 30, o 40 monedas de plata que cuesta en estos tiempos la lisonja pagada en los tianguis de la prostitución mediática.

La campaña presidencial aún no principia, pero ya empezó. No sé si me explico. ¿O usted piensa que la brutal ofensiva que se ha lanzado contra el candidato del PRI, al que desde el principio de su mandato han traído como perico a toallazos, buscándole o inventándole toda clase de faltas, errores o actos de corrupción reales o supuestos, es producto de la casualidad o la simple circunstancia? ¡De ninguna manera!

Debemos recordar que es la forma como PRI, PAN, PRD y MORENA hacen política electoral. Hace doce años, cuando la lucha era entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, la estrategia fue manejar el miedo como arma suprema. Y surgió aquella frase que ya se encuentra en el salón de la fama de la política mexicana: “El Peje es un peligro para México” ¿Recuerda usted? Sí, es el tipo de guerra en la que en especial el PAN se ha convertido en un maestro consumado, aunque falle más veces de las que atina.

Tradicionalmente contrata un formidable y oneroso grupo de estrategas expertos en la guerra sucia y las campañas negras. Españoles, según dicen, que son los más avezados en este tipo de guerras de alta destrucción. Hace doce años utilizaron el miedo como arma principal, y hace seis años utilizaron el ridículo como ácido corrosivo, en contra de Peña Nieto. Los recursos públicos de la nación, en manos de los partidos y los políticos carroñeros, invertidos en campañas para denostar, ridiculizar, o demoler a cualquiera de los candidatos rivales que muestre la más insignificante flaqueza.

Cuando el PAN pega, duele. El PAN tiene el puño pesado, y se siente. Hubo un tiempo en que el que pegaba duro era el PRI, pero esos tiempos pasaron y hoy el PRI ya no pega, sus técnicas han cambiado y son diferentes, aunque no menos efectivas. Y en esta ocasión, aunque según el diagnóstrico general no va a ganar, en medio de una guerra sin cuartel va a provocar un gigantesco desmadre y sálvese quien pueda. Y esto apenas empieza. Espere usted y verá cómo se van a poner las cosas a partir de enero de 2018… ¡Úfff!

Los panistas fundamentalistas se aferran con uñas y dientes al cada vez más diluído recuerdo del poder que tuvieron en sus manos durante doce años, y que saben que deben recuperar, ahora o nunca, a toda costa, porque si no lo hacen en 2018 jamás volverán a obtenerlo. Cuando tuvieron en las manos la oportunidad de oro no dieron el ancho, porque tienen la mente angosta y porque no les alcanza la astucia para volverse inteligentes. Saben pelear, saben destrozar y son auténticos carniceros cuando le hincan los colmillos a una presa… pero no son capaces de construir y menos de conservar. Son lo que son, y no niegan la cruz de su parroquia.

El PAN, ahora bajo el frágil paraguas del Frente Democrático recién construido con el PRD y el MC, está enfrascado en una guerra a muerte principalmente con el PRI, y puede ganar o puede perder la elección del año próximo, pero no puede pelear al mismo tiempo contra dos enemigos del mismo peso. Simplemente no le alcanza para tanto. Y esa es la oportunidad que AMLO está esperando, de ahí que hacerlo a un lado para enfrentar a su acérrimo enemigo, el PRI, representa un error de incalculables consecuencias para el PAN y para su frente democrático de pacotilla recién inaugurado, en medio de pífanos y tambores.

Tal vez usted dirá que las vacas están igual de flacas en los corrales de cualquiera de los partidos, y nadie le discutirá eso. Mi comentario final es que no hay más cera que la que arde, y que a fin de cuentas lo que vemos es lo que hay… y colorín colorado, aunque este cuento no se acabará sino hasta que se haya disipado el humo de los cañonazos electorales, pasando el primer domingo del mes de julio del ominoso año 2018 que se nos viene encima como un tren de carga.

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