Poder Judicial con presupuesto,  pueblo mágico e ingrato en un  ¿feliz año nuevo?


Héctor Rodríguez Espinoza


POR UN PODER JUDICIAL CON PRESUPUESTO QUE ALCANCE

No nos ha “caído el veinte” de que la justicia, en una nación y estado que pretende ser constitucional y democrático, es el valor supremo de la historia y de la filosofía de los pueblos. Desde la antigüedad clásica de Atenas y Roma hasta nuestros días.

A Aristóteles lo conocemos como el gran maestro de la justicia, en su clásico Ética a Nicómaco (su hijo).

Pero todos los grandes pensadores y literatos que en el mundo han sido, le han dedicado sus mejores páginas, que enseñamos en las aulas universitarias y debieran quedar tatuadas en el idealismo y la conciencia de los jóvenes.

Por eso la justicia judicial penal, para que sea de carne y hueso, especialmente en los más vulnerables y necesitados, la regulan leyes orgánicas en su procuración, impartición y ejecución en los centros penitenciarios.

Y para el ejercicio de estas leyes, un poder judicial del estado que defienda su dignidad, independencia y majestad, necesita un soporte presupuestal, del mismo tamaño de su enorme reto, por los rezagos acumulados en décadas.

Más ahora con su nueva y onerosa competencia en materia penal y del trabajo.

El actual presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, magistrado Francisco Gutiérrez Rodríguez, tiene una larga trayectoria en ese alto cuerpo, si bien no ostenta un curículum vitae brillante, pues sólo incluye haber sido socio del Despacho del Lic. Genaro Encinas Ezrré, hoy Notario en Puerto Peñasco, más político profesional que jurista.

Por ello, a pesar del fundado reclamo expuesto en la Barra Sonorense de Abogados y en los medios, de su presidente Gutiérrez Rodríguez, en su explícita, fundada y motivada reciente entrevista al Diario El Imparcial, en dos partes, sobre los retos financieros de las reformas penal y laboral, es preocupante que, a pesar de necesitar y solicitar un presupuesto anual de $1,800 millones de pesos, ¡sólo le hayan autorizado $1,100!, según la diputada Célida López, presidenta de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos.

Igual que a la alicaída y desprestigiada CEDH, con sólo $30 millones, así como para el ¿paradójicamente opaco? ISTAI.

Insisto, no nos ha “caído el veinte” o no ha convenido para la política judicial del gobierno del estado, la urgencia de un Poder Judicial lo más independiente posible y reconocido por la academia, por el foro de abogados y por la sociedad justiciable.

Ante el divulgado tabulador de sus percepciones de fin de año, no nos sirve un poder judicial local pobre, con magistrados ricos.

Independencia económica. Un importante sector de juristas latinoamericanos ha luchado para que el Poder Judicial cuente con autonomía financiera y logre sus funciones. Los resultados no han sido halagadores, se ha tropezado con problemas económicos e inestabilidad política.

Hay países que la han salvaguardado, mediante el establecimiento de porcentajes fijos en sus Constituciones, como Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Panamá; la VI Cumbre Iberoamericana de Presidentes de Cortes Supremas y Tribunales Supremos de Justicia concluyó que es necesario.

En México existe un proyecto de reforma al artículo 100 de la Constitución Política, de 15 de noviembre de 2001, a efecto de asignar un porcentaje presupuestal mínimo al Poder Judicial de la Federación, acorde con el principio de equilibrio de poderes, que garantiza un adecuado ejercicio.

El porcentaje que se propone en dicha Iniciativa es de un 2.5 % del gasto programable como mínimo del Presupuesto de Egresos de la Federación, sin que pueda ser disminuido en un ejercicio posterior, salvo causas graves y justificadas. La suma es adecuada, si se considera cómo ha evolucionado la participación del Poder Judicial en el Presupuesto de Egresos de la Federación; comúnmente es menos del 1.05% de dicho Presupuesto, que es insuficiente.

En nuestro país han adoptado dicho criterio, Baja California, Jalisco y Guerrero, entre otros.


ÁLAMOS. PUEBLO MÁGICO PERO INGRATO

No voy a expresar la frase: “cállate “#$%& inculto” que, según trascendió en las redes sociales y video, gracias a la joven reportera Jael Esparza, le espetó el presidente de la Comisión permanente del Congreso del estado al boxeador y diputado local por Empalme, ante el testigo Lic. Julián Gustavo Bustamante Pérez. Seguramente fue broma y así se llevan. Aunque …de broma en broma, la verdad se asoma …

Sin embargo debo expresar mi proverbial decepción y hasta enojo con:

- El secretario de educación y cultura, Mtro. Ernesto de Lucas Hopkins, excelente alumno de la irrepetible Universidad del Noroeste que llegó a incursionar en Proméxico.  

- El director del Instituto Sonorense de Cultura, Mario Welfo Álvarez Beltrán, a quien no conozco personalmente, pero escucho malos juicios, desde el difícil ambiente artístico cultural. En la página del gobierno del estado no aparece su lugar de nacimiento y desarrollo profesional en el ámbito educativo y cultural; candidato a doctor en gestión estratégica y políticas del desarrollo por la universidad Anáhuac; licenciatura en mercadotecnia internacional y se especializó en programas de gobierno y desarrollo financiero en Washington, EU. Trabajó en Proméxico.

- El alcalde Axel Omar Galaz, del que no existe ningún dato en el internet. ¿Qué podemos esperar?

¿Por qué decepción y hasta enojo?

Porque, sin perjuicio de la atinada crítica del literato Imanol Caneyada en esta páginas y en un noticiero radiofónico, respecto al uso que se hace, de nuestras contribuciones fiscales, para contratar artistas de corte comercial y populachero, con honorarios estratosféricos dignos de mejor causa social, ciertamente han continuado con el festival anual, cada año mejor en afluencia y derrama económica, dedicado al médico y filántropo Alfonso Ortiz Tirado …

PERO –por falta de asesoría histórica y cultural- han sido incapaces de romper la inercia de la supina ignorancia y deplorable ingratitud hacia EL ÚNICO SABIO Y HUMANISTA NACIDO EN TIERRAS SONORENSES, en Álamos, el 15 de Agosto de 1723.

Tengo años insistiendo en este rescate que de hacerlo, reivindicaría la vocación humanista del pueblo de este desierto cultural, más amante de la carne asada más grande del mundo y del beisbol.

El personaje a que me refiero murió en Bolonia, Italia, el 29 de Diciembre de 1777, sepultado en la Parroquia de la Virgen de la Caridad. No obstante sus merecimientos, yace en el olvido. Con sobra de justicia, poseído de profunda amargura.

Uno de sus biógrafos escribió que, experto en la filosofía griega y especialmente en Aristóteles, “…LLEGÓ A TAL RENOMBRE DE SABIDURÍA, QUE CON TODO DERECHO SE LE PUEDE COMPARAR A LOS FRANKLIN Y A LOS OTROS PRECLAROS VARONES DE GRANDEZA SEMEJANTE QUE PRODUJO EL SIGLO XVIII, EN AMÉRICA.”

A lo largo del siglo pasado y de éste, la pregunta de cuándo y cómo se quebró la memoria histórico cultural del Estado, yace sin respuesta. La única certeza es que la espiral de ignorancia y pusilanimidad de los gobiernos aún no concluye.

“¿Qué puedes esperar, Héctor? –me apaciguan un poco los humanistas Notario Juan Antonio Ruibal Corella y José Ángel Calderón Trujillo-, es otra generación de jóvenes políticos”. Sí, tan pragmáticos cuan incultos.

Ciertamente se trataría de iniciar otra tradición de un homenaje paralelo al Festival, con un posible círculo elitista, en términos de su interpretación: lo mejor o de lo mejor, con prácticamente ningún costo económico, pero sí de significado educativo y cultural puro y esencial.

¡Ingrato  México, ingrato Sonora e ingrato Álamos mágico que, ¿por un laicismo mal entendido?, no han levantado una estatua, ni siquiera un busto a José Rafael Campoy!


¿FELIZ AÑO NUEVO?

Empezamos este nuevo ciclo del calendario con un dilema. Si desear un feliz año nuevo, ante un futuro geopolítico, nacional y estatal tan sombrío, que vacía de su sentido la frase; o si, por el contrario, que es en estos primeros días del nuevo año cuando, precisamente más debe cobrar significado la trillada expresión.

Apenas acabamos de dejar atrás el cálido ambiente familiar de fin de año. Pobres y ricos, brindamos y comimos pavo, tamales y postre. Hicimos todo lo posible por estar de buenas. Por nuestros seres queridos y cantamos con los nietos cuando abrieron sus regalos.

A pesar de las inclemencias de la naturaleza –como el sismo de septiembre- y las de la cruel política, vivimos el momento y nos dijimos, en nuestro fuero interno, que no hay nada como la familia. Pasamos días felices y cargamos las pilas de un razonable optimismo, que nos urge para acometer los retos del nuevo año. PERO sólo de ver lo empinada de la cuesta de enero, se nos caen las alas optimistas del corazón.

La agenda de más de la mitad de la población mexicana, incluyendo la de la oscilante clase media, está desbordada: aumentos de servicios básicos como gas, gasolina, electricidad, cemento. Aumentos de alimentos indispensables como la mítica tortilla de maíz; y qué decir del marco pre electoral que envuelve una fenomenología de violencia e inseguridad pública desde Estación Don hasta San Luis Río Colorado, pasando por Álamos, Cajeme, Bácum, Vícam, Empalme, Guaymas, Hermosillo, Magdalena y Nogales.

Y en el fondo, la corrupción y su impunidad.

A pesar de todo, saquemos nuestras fortalezas, por encima de nuestras debilidades individuales y colectivas, para iniciar este nuevo año con un razonable y realista optimismo.

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