La corrupción de Anaya, descompuso el guión


 

Por Alberto Vizcarra Osuna

 

Cuando la ambición es desmedida, descompone los planes y frustra las metas. Esto deben de estar pensando los grupos de poder económico que se habían dado a la tarea de moldear – con encuestas amañadas- el escenario que suponía un posicionamiento Ricardo Anaya en el segundo lugar en la carrera presidencial. Así pretendían hacerlo aparecer como la figura capaz de detener la supuesta amenaza que representaría Andrés Manuel López Obrador en la presidencia de la república. Los planes se descuadraron, no por culpa de los promotores del guión, sino por los hechos de corrupción en los que está envuelto el candidato de la coalición por México al Frente.

 

Ricardo Anaya, ha recurrido al pintaron con la intensión de defenderse de los señalamientos de lavado de dinero. Con estas explicaciones no ha podido demostrar su inocencia. Sus palabras defensivas sirven para presumir una abultada fortuna lograda en muy poco tiempo, solo comparable en métodos y velocidad a los procedimientos empleados por su correligionario Guillermo Padrés, ahora preso por lavado de dinero y otros fraudes al erario público del estado de Sonora.

 

Anaya procedió con la compulsión pero sin la astucia de un gángster. Pensó que las piedras en el camino solo se quitan a patadas. Estos fueron sus procedimientos en la interna del PAN para lograr su candidatura: avanzó a patadas y dejo a muchos tirados, sin pensar que se podrían volver a levantar y ser, entre otras cosas, fuente de inteligencia e información que ahora revela los crímenes que el joven –a su corta edad- ocultaba en el clóset. Los grupos de poder que desde dentro y fuera de México lo pretendían posicionar como el salvador del fantasma lopezobradorista, ahora están desesperados, porque ven que Anaya se desliza por un tobogán que de momento no se sabe a dónde lo lleva, pero su destino no es precisamente la presidencia.

 

La desesperación del conglomerado de intereses económicos que impulsa tras bambalinas a Ricardo Anaya, no se ha podido contener y el acaudalado Claudio X Gonzáles cada vez se descubre más como la cabeza. Es el grupo empresarial de resentidos con el gobierno de Enrique Peña Nieto, que se empeñan en hacer de Anaya un instrumento de venganza en contra del gobierno, para recuperar los espacios en el mundo de los negocios que sienten que durante estos seis años han perdido. No es pues una oposición programática; no delinean una propuesta de gobierno, no les interesa organizar a la población. Su mundo y sus horizontes son estrechos, se confinan al ámbito de sus intereses que ahora chocan con quien ocupa la presidencia.

 

Lo bueno de todo esto, es que su mono se les derrite.

 

 

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