Lava Jato

Lava Jato


Por: Marco Antonio Andrade Aguirre

andrade.aguirre@hotmail.com

 

La traducción de Lava Jato del portugués al español significa “lavado a presión”, cuyo concepto representa actualmente un valioso precedente en la lucha contra la corrupción gubernamental y su asociación con el sector empresarial en la mayoría de los países latinoamericanos.

La operación Lava Jato inicio en Brasil a partir de la denuncia de un acto de corrupción aparentemente menor, pero que una vez investigado con rigor profesional y con la más absoluta imparcialidad política, puso en evidencia una profunda ramificación de lavado de dinero de origen público que condujo hasta la propia oficina presidencial de ese país.

La destitución de la ex presidenta Dilma Rousseff y el incipiente juicio contra Lula da Silva, al igual que los 48 senadores y diputados federales sujetos a proceso, son muestra inequívoca de que si es posible investigar, enjuiciar y sancionar a los políticos corruptos, sin la falacia de judicializar la política ni politizar la justicia.

En el resto de otros países también existen relevantes experiencias del combate directo y frontal contra la corrupción. En los últimos años 10 presidentes fueron destituidos o enjuiciados por recibir sobornos a cambio de gestionar y contratar obras públicas.

En Guatemala, Panamá, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Nicaragua y recientemente el presidente de Perú enfrentan las consecuencias del abuso del poder por corrupción.

México es el único país en donde no tuvo consecuencias jurídicas ni políticas el despliegue de investigaciones y acusaciones penales contra políticos, funcionarios y empresarios involucrados en el monumental fraude de corrupción internacional de Odebrecht.

Mientras que en dichos países el tema cimbro las estructuras de gobierno y evidencio las complicidades de la clase política y empresarial, en méxico campea la impunidad plena.

El último procurador de la república de adeveras, Cervantes Andrade, al renunciar afirmo haber dejado terminada la investigación que involucro al ex director de Pemex, quien posteriormente obtuvo un amparo para no ser investigado, violándose así el principio del interés público en materia penal, en razón del cual deben integrarse obligatoriamente, por imperativo constitucional, las carpetas de investigación contra cualquier persona señalada.

Es decir, mientras que algunos países han dado el salto histórico para enfrentar sin temor ni concesiones el fenómeno de la corrupción pública o privada, o ambas juntas como comúnmente actúan, nosotros estamos dando pasos tan lentos y pausados, no obstante la aprobación del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), que si bien es cierto es un instrumento crucial para prevenir que gobernantes y funcionarios utilicen los cargos públicos para beneficios privados, la realidad es que estamos avanzando con muchos tropiezos frente a importantes logros de otros países. Aquí no pasa nada, o casi nada.

Creo indispensable reconocer que la arquitectura institucional del SNA, aparte de lo deficiente en su operatividad, se encuentra injustificadamente incompleta, aunque su estructura normativa haya sido modernizada y perfeccionada, como es el caso de Sonora,  siendo sus logros tan tenues e inadvertidos, como cuestionable el cumplimiento de sus expectativas sociales con su creación el 2015. Todo cambio para seguir igual, o peor.

La falta de interés en su estructuración y funcionamiento es evidente, no obstante los emblemáticos casos de corrupción como Pegasus, Odebrecht y la Estafa Maestra, entre otros, cuyos tentáculos reales se desconocen.

Estos, son pruebas de fuego que el SNA omitió analizar con mayor determinación y firmeza, lo cual permite suponer que en el terreno de los hechos no hay compromiso ni vocación de liderazgo institucional por las causas ciudadanas, ni por controlar ni revertir dicho fenómeno, ni por disminuir los altos costos sociales que representa la corrupción y la impunidad en el país.

Nadie repara, desafortunadamente, en las victimas de la corrupción.

Dice el INEGI que la corrupción lejos de contenerse, se reproduce. Paradojas de nuestro tiempo, sin duda.

Salud.

    

 

 

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