El trastorno narcisista de la personalidad de algunos políticos

El trastorno narcisista de la personalidad de algunos políticos


 

Uno es un simple lector, un diletante de la realidad, un navegante de internet y suele echar amarras en el muelle de YouTube para escuchar música o ver los videos del día, que en estas fechas abundan de entrevistas a políticos o comentarios de periodistas sobre alguno de los candidatos que aspiran a la Presidencia de México. Y sobra tela de dónde cortar.

 

Fue precisamente en YouTube donde hace menos de una semana encontré dos videos que me llamaron la atención: en uno un periodista local entrevistaba a Célida López, candidata a la alcaldía de Hermosillo, y en otro el periodista Ricardo Alemán bramaba contra los guerrilleros antidemocráticos (ya ni se usa) que organizaron su linchamiento mediático, lo que provocó que saliera de al menos tres medios donde colaboró durante muchos y varios años, para pesar del periodismo mexicano.

 

No entraré en detalles sobre lo que se dijo en ambos videos, aunque ya me extendí en la participación del Alemán de marras, sino en cómo se dijo lo que ahí quedó asentado. Particularmente en un detalle: ambos personajes hablaban de sí mismos en tercera persona.

 

Supongo que tanto Célida como el mencionado Alemán están influidos por el emperador Cayo Julio César en el uso de la tercera persona del singular para referirse a sí mismos. Recordemos que en sus memorias de la Guerra Civil y la Guerra de las Galias, el militar romano se nombra a sí mismo en tercera persona: “César atacó…”, “César cabalgó…”, “César cruzó el Rubicón…”, “César propuso…” y demás cesariadas. Pero Julio César fue emperador. Y con esto alea jacta est.

 

Pese a que un estudio de la Universidad Estatal de Michigan revela que hablar de sí mismo en tercera persona es una manera de relajarse si se hace a solas. No ante cámara y micrófonos, como los personajes de esta historia.

 

La investigación de la mencionada universidad señala que “básicamente creemos que al referirse a uno mismo en tercera persona, le permite a la gente pensar más parecido a la manera en que piensa sobre los demás, lo que les ayuda a distanciarse un poco de sus experiencias psicológicas, siendo eso muchas veces útil para regular las emociones. Más o menos como cuando eres más comprensivo cuando hablas de los problemas de tus amigos que de los que hay en tu cabeza”.

 

Sin embargo, esta investigación no está del todo avalada por el método científico, y pese a ello destaca aquello de “ayuda a distanciarse un poco de sus experiencias psicológicas”.

 

Y justamente ese distanciamiento es el que subrayan quienes piensan (y me incluyo, porque son tiempos de definiciones) que hablar de uno mismo en tercera persona es un rasgo que no favorece a quien se expresa así, ya que deja al descubierto ciertos rasgos de la personalidad que requieren, mínimo, un proceso de coaching o de terapia profunda, por decir lo menos.

 

Dicen los enterados en cuestiones de la psique que cuando una persona habla de sí misma en tercera persona se disocia, es como si fueran dos, como si hubiera una persona que está hablando y otra que es un personaje ajeno, pone distancias entre uno y otro, y de alguna manera se desdobla en un personaje virtual que es candidata a la alcaldía o periodista bocabajeado. Y lo malo de lo virtual es que no existe más que en algún lugar que no puede asirse y que desaparece cuando se baja el switch.

 

Los especialistas mencionan que a las personas que les cuesta trabajo hablar en primera persona de sí mismas es porque detrás hay una dificultad para asumir su realidad, quiénes son, lo que desean y lo que los mueve, y que asumir esas realidades significa también asumir una responsabilidad, y no siempre estamos preparados a asumir esa responsabilidad que tenemos en nuestra vida, porque es más cómodo ponerla fuera y así no es necesario que nos impliquemos.

 

Hablar en tercera persona, dicen los que dicen, es vivir disociado, y en cambio, asumir como propia la primera persona es vivir asociado con quien se es, con lo que se quiere, con lo que se desea y con la responsabilidad que se tengo sobre la vida. Y añaden que en estos casos el lenguaje es un fiel reflejo de la representación interna de las personas; es decir, esta forma de despersonalizarse introduce necesariamente un factor de distancia, y con ello se aleja de la realidad.

 

El columnista César Velázquez señala que los estudios e investigaciones en el campo de la psicología sobre este tema se han sistematizado bajo el nombre de Trastorno Narcisista de la Personalidad. La autorreferencia continua en tercera persona es el síntoma principal del individuo narcisista.

 

Y añade que cuando los individuos se refieren a sí mismos en tercera persona, lo hacen como una transferencia paranoide, es decir, el sujeto se representa en un tercero significante, como si fuese otro sujeto externo, donde reposta su ego.

 

Sabemos que todo el lenguaje habla del hablante y de sus vivencias, incluso cuando él no lo advierte. El referirse a sí mismo como si fuese otra persona es uno más de los espejismos del narcisismo, con el dato que esta autorreferencia es curiosa, ya que no es estrictamente que el sujeto hable de sí, sino que es el lenguaje el que habla de él, abunda Velázquez.

 

Esta autorreferencia (impropia pues la dice un "tercero”) es una característica cotidiana en la personalidad esquizoide, que se apoya en esa autoaplicación del lenguaje sobre sí mismo para focalizar el interés de los demás sobre sus persona: el sujeto emerge de su mediocridad llevado por su inconsciente, para hablar de sí mismo como si fuera otro, más importante y más interesante, y así se da una transferencia hacia ese otro que alivia por segundos la nula autoestima, los fracasos y las frustraciones del hablante”, precisa el especialista.

 

Por el contrario, cuando un individuo habla en primera persona de sí mismo se arropa en algo que todos llamamos realidad, y en esa realidad se puede ser efectivo o falible porque uno no deja de ser simple y sencillamente una persona, y ya no actúa como el niño que cuando hace alguna travesura dice: “el niño se ha portado mal”, porque lo difícil es reconocer que uno se ha portado mal… o bien… depende.

 

No estoy seguro que Célida López quepa en las definiciones que los estudiosos han vertido sobre las personas que hablan de sí mismas en tercera persona, pero sí le convendría expulsar de su habla ese recurso nefasto que los políticos mediocres sobreexplotan sin éxito. Sobre todo acá en Sonora, donde se dice que la gente es directa y echada pa’delante. O sea, sin tanto arguende.

 

 

 

Armando Zamora

armando.zamora@gmail.com

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