AMLO y el momento disruptivo


Por Alberto Vizcarra Osuna

 

Comparto la idea de que en México, las disputas electorales por la presidencia de la república, pueden resultar coyunturas que le abran paso a procesos sociales de masas que tienen un potencial revolucionario. Se diagnostica una condición disruptiva de la sociedad cuando los mecanismos y los instrumentos de control que mantienen a la población padeciendo –aunque no necesariamente aceptando- condiciones de vida en donde a la mayoría se les niega su derecho a lo más elemental, se empiezan a derrumbar y pierden toda efectividad. La mente de los ciudadanos llega a un punto, en donde toma la decisión de romper con las condiciones prevalecientes y pierde el miedo a explorar en lo que se podría considerar desconocido o incluso peligroso.

 

Algo de esto está ocurriendo en la presente coyuntura electoral. La perseverancia de Andrés Manuel López Obrador, es el vértice de este proceso. Como lo reconoció el experto en manipulación, Antonio Solá, la estrategia del miedo perdió su utilidad, porque el coraje social y el hartazgo superaron todo temor. La mayoría de la población ha cruzado el umbral del temor y ha tomado la determinación política de deshacerse de lo establecido. No sabe lo que pueda ocurrir después, pero la suma individual se convierte en una fuerte voz colectiva que dice: ¡por lo pronto ustedes se van!

 

Los intelectuales al servicio de lo establecido, están impedidos para reconocer este fenómeno. No solo por interés, en tanto servidores de las minorías que se han beneficiado con lo establecido, sino porque sus análisis excluyen el elemento de discontinuidad que representa el involucramiento real de la población en la toma de decisiones que atañen al interés público. Consideran al pueblo un elemento secundario que es invitado a participar sólo como figura decorativa que adorna los acuerdos cupulares. Esta es la dinámica de control que ha empezado a resquebrajarse.

 

La peor forma de subestimar el fenómeno social, es concentrarse en los defectos de la personalidad de López Obrador, para reivindicar un orden al que la mayoría de la población ya decidió tirar a la basura. Y en efecto, hay mucho que criticarle al candidato de MORENA, pero lo que no se le puede escatimar es el reconocimiento a su perseverancia que le ha dado el lugar de liderazgo como el candidato antisistémico. Tampoco se le debe de negar el reconocimiento de que logró abrirle la puerta a la población y romper con ello la inercia de los acuerdos cupulares que han mantenido al país sometido a una política económica que por más de tres décadas ha convertido a la nación en una portentosa fábrica de pobres.

 

Se trata de un periodo que comprende a una generación entera, condenada a los padecimientos de un crecimiento económico mediocre, de una imposición supranacional que le niega al país su industrialización con toda su secuela de desempleo, emigración, pobreza, hambre y violencia a cargo de los ejércitos  privados del narcotráfico internacional. Se llegó al punto de ruptura con esta situación insostenible y el pueblo no busca al líder perfecto, simplemente sigue a quien lo invita a participar en contra de este desastre que lo ha dejado sin futuro.

 

Ciudad Obregón, Sonora, 23 de mayo de 2018

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