El derrumbe de los mitos: Carnaval de Guaymas

El carnaval no morirá nunca. Lo confirma la pequeña que va por la avenida Serdán ataviada con prendas refulgentes y plumas coloridas, confirmando que las percusiones marcaron sus primeros pasos, cuando aprendió a caminar al mismo tiempo que aprendió a bailar dejando que la música la mueva como mueve a miles bajo el atardecer de viento fresco, guitarras y acordeones, bajos y baterías, luces, color, sonidos, estridencias de fiesta popular en el puerto.

 

En Guaymas, el pueblo está de fiesta. A la vera de la avenida principal se comienzan a juntar desde temprano y llegan por miles, con sus sillas portátiles, hieleras, máscaras y tocados de plumas, de plástico, de luces en sus cabezas; con sus ganas de ser comunidad y de hacer comunidad.

 

El carnaval es el refrendo de la alegría del pueblo que llena las banquetas de la avenida principal y hurga en sus bolsillos buscando las monedas o billetes que cambiará por una cerveza, un pico de gallo, un elote preparado, un recuerdo utilitario que se hará viejo pegado con el imán en la puerta del refrigerador. O la experiencia que no se cambia por dinero, de estar ahí para ser partícipes del ritual que año tras año los involucra a todos.

 

El carnaval derriba mitos. Nadie quiere estar ausente y todos quieren ser parte. Las comparsas comenzaron a ensayar desde noviembre del año pasado. Para tomar la calle y romper las cotidianidades, se empezaron a organizar con tiempo. Maestros y maestras, padres de familia, instructores, diseñadores, músicos y cantantes. Son comunidad.

 

La comparsa más pequeña, de acaso unos cincuenta niños y niñas requirió de otras 60 o más personas que no aparecen en el desfile, pero que dejaron horas, días, semanas, meses, preparando la comparsa o los carros alegóricos, dejando en cada pincelada, en cada diseño un poquito de su vida para esas dos horas de entregarlo todo en el escenario, que esta vez, como todas las veces, es la avenida principal donde el pueblo está de fiesta.

 

Se premia con el aplauso la belleza, pero también el empeño para dar lo mejor de sí. El carnaval es la fiesta de la carne, pero también del alma. El mito se derrumba porque no hay edades ni cuerpos perfectos; igual van por la calle la niña y el niño de kínder que cosechan aplausos y regresan sonrisas, que la señora de la tercera edad que sin inhibiciones se mete en su poca ropa para convivir con las infancias que reproducen hasta el infinito el ritual de la fiesta.

 

No tengo el dato preciso de cuántas comparsas cuántos carros alegóricos, cuántos grupos musicales amenizaron la tarde del sábado en Guaymas, pero me quedo con lo que me dijo la organizadora de una de las comparsas más pequeñas: estamos trabajando desde noviembre del año pasado y por cada participante del desfile hay tres o cuatro más planeando, ensayando, instruyendo, regañando para llegar a ese día en que la fiesta toma las calles y las plazas para vivir el carnaval, el sublime acto final de una comunidad entera siendo eso, precisamente, comunidad.

 

En el presídium, claro, está la primera autoridad del puerto, la doctora Karla Córdova González, que va por su quinto año de gestión y que ha relanzado la principal actividad cultural y de divertimiento en Guaymas, con eventos totalmente gratuitos y artistas de primer nivel que también tienen su recompensa.

 

Eso de presentarse en el Malecón Turístico del puerto, con el mar de fondo y el atardecer mutando del naranja y el rojizo al negro lleno de estrellas no es poca cosa.

 

Toda la gente que estuvo en el desfile se fue más tarde al malecón. El jueves estuvo la Banda Triguera, el viernes el Grupo Laberinto y el sábado el Tropicalísimo Apache.

 

Trajeron además, desde Chile y disputándole la agenda de sus giras por Europa, al mimo más famoso del mundo, Karcocha, que en la más profunda tradición del teatro popular la rompió en las calles y los templetes.

 

De la fiesta con Laberinto ni les cuento porque convocaron a miles, y del Tropicalísimo Apache sí les digo porque aquello fue la apoteosis encima de una chiva como un chihuil/ay pero dale dale baila mi cumbia…

 

 

Si la mustia lectora, el aburrido lector andan rebotando en la cotidianidad rutinaria de una vida que pasa entre malas noticias, polarizaciones inducidas y pleitos políticos a puñaladas, les haría bien planear su viaje a Guaymas, porque mañana martes se acaba el carnaval con el cierre ciclónico de Gloria Trevi, que seguramente volverá a poner el malecón hasta las lámparas.

 

Por allá nos vemos.

 

II

 

 

 

19 cámara de videovigilancia han sido instaladas en 20 colonias del norponiente de Hermosillo para fortalecer las labores de seguridad pública; estas cámaras, entregadas por el alcalde Antonio Astiazarán fueron adquiridas a partir de uno de los proyectos ganadores del programa CRECES, un esquema en el que la ciudadanía es la que decide, a partir de sus propuestas en qué y cómo se invierte el presupuesto.

 

Las cámaras están conectadas al Centro de Monitoreo de la Policía Municipal a través de un software inteligente; en total se invirtieron 2.4 mdp y están equipadas con tecnología de punta: emiten imágenes panorámicas de 180 grados con resolución de hasta 8 megapixeles y análisis inteligente que detecta intrusiones, sabotaje de cables y movimientos sospechosos que activan alarmas automáticas.

 

Dos mil 700 vecinos de aquel sector votaron por este proyecto que se suma a otros programas de seguridad como las 350 patrullas eléctricas, los corredores Camina Segura y los EscuaDrones.

 

Y bueno, la semana pasada fue de intensidades tremendas para el heroico cuerpo de bomberos capitalinos, que se aplicaron como los grandes en el combate al incendio en la tienda Sams del Vado del Río, que quedó reducida a cenizas. Además del trabajo cotidiano (6 mil 500 servicios con 18 atenciones diarias con tiempo de respuesta de diez minutos), también atendieron el incendio en un contenedor de conocida franquicia de pollo frito.

 

Cabe señalar que los tragahumo han tenido importantes apoyos de parte de la autoridad municipal, que en noviembre pasado les entregó cuatro vehículos nuevos con valor de 25 mdp, que fueron claves para combatir el incendio en Sams, además del robot Seri, un sofisticado equipo que ingresó al inmueble para atacar las llamas desde dentro sin exponer la vida de los bomberos; este robot lanza agua a distancia, detecta gases peligrosos y ataca el fuego en zonas de alto riesgo.

 

III

 

 

 

Ciertamente que no hay nada definido en cuanto a la candidatura de Morena y aliados a la gubernatura, pero el evento que encabezó en Hermosillo el alcalde de Cajeme, Javier Lamarque Cano hizo levantar la ceja a más de cuatro porque mostró una gran capacidad de convocatoria unos hablan de dos mil asistentes, otros hasta de tres mil- entre los que se encontraban 30 alcaldes, una buena cantidad de funcionarios públicos, legisladores y dirigentes partidistas.

 

Por donde quieran verla, es hasta hoy la concentración masiva más grande que se ha dado en torno a un precandidato y a los otros aspirantes -señaladamente la otra puntera, Lorenia Valles Sampedro- les dejó muy alta la vara.

 

Todo parece indicar que ‘la cargada’, esa práctica tan distintiva del viejo priismo ha sido retomada por Morena y la balanza se está inclinando hacia el alcalde cajemense. Vamos a esperar la respuesta de Lorenia, que le tendrá que meter mucha creatividad e imaginación si quiere remontar en esta carrera a la que, desde luego, le falta mucho trecho por delante.

 

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