+ San Carlos se saturó y volvieron a brotar sus problemas; pero al pedirse soluciones, piden evaluar los enormes beneficios materiales de la mejor época del año; el tope de Bours y el nuevo tope
Agustín Rodríguez L.
GUAYMAS, Son. – No hay forma de establecer el control vial cuando el número de vehículos transitando por un lugar superan la capacidad toda la infraestructura disponible en cualquier sitio.
San Carlos es el ejemplo cada semana santa, o vacaciones de primavera como le llama el sector oficial. Son millares de vehículos cada día y por las noches peor, pues el visitante busca ambiente por ellos mismos generado, ese que, literalmente, corre a muchos residentes cuyo retorno se da cuando todo termina.
No hay de otra. Si no te gusta, no vayas, o permanece en casa.
Así lo ha manejado siempre el ciudadano que le entiende a estos movimientos pues, de no existir, no habría sustento para una actividad económica generadora de empleo y millonaria derrama.
La queja de muchos es pequeña al lado de quienes celebran esos días en los que se puede dar rienda suelta a la necesidad de esparcimiento.
Si culpamos a la autoridad de cualquier nivel de gobierno porque alguien comete infracciones de Tránsito o al Bando de Policía y Buen Gobierno –¿Todavía se llama así? – que regula la convivencia en la sociedad, estaremos jugando al tío Lolo.
Si la autoridad frena la actividad que trae a las playas regionales más de 100 mil paseantes, da muerte a la gallina de los huevos de oro y la recomendación de no cometer tal aberración material la hacen, precisamente, quienes dicen asustarse porque hay venta y consumo de cerveza a gran escala, miles de vehículos complicando el tránsito, los 4X4 saltando guarniciones y camellones y los “reizer” raudos destruyendo dunas donde hay uno que otro huevo de tortuga y hasta alguna familia haciendo “camping” frente al mar.
Todos llegan a este destino turístico y gastan dinero que sostiene a la generosa actividad turística. No es justificación, solo se trata de manejar números y determinar el mal menor. El bien mayor siempre será la derrama económica que sostiene esos más de 4 mil empleos directos aportados a Sonora por un San Carlos que precisamente por la promoción que atrae visitantes, muchos, sigue en crecimiento y la inversión para aumentar infraestructura es imagen evidente que impresiona.
Hasta la tarde domingo, en pleno disfrute del último día del asueto, todo iba bien, generalmente hablando, porque el necesario balance a realizar incluía riñas por docenas, una de ellas pistola en mano donde un visitante terminó herido de bala, pero para su fortuna nada que arriesgue su vida y su agresor lamentando haberse exaltado. Ojalá la noche de domingo y madrugada de lunes no impliquen mayor problema.
Pero atraigo esto: me gusta lo que comenta el comunicador Abdiel Bojórquez, cuando resalta la necesidad de un análisis, porque “no es tan simple como echarle la culpa a uno solo… aquí hay responsabilidad compartida, y es más evidente cada año”.
Explica que en esta semana el flujo se dispara y “no es sorpresa, no es nuevo, no es algo que pasó de repente. Año tras año se repite el caos en el bulevar Tetakawi”. Toca el sensible y retardado tema de la planeación y la falta de acción “más agresiva”: rutas alternas, mejor control vial, transporte organizado, y sobre todo anticiparse al crecimiento del turismo.
Esto agrega el joven comunicador: “la gente también sabe perfectamente a lo que va. ¿Qué esperaban quienes visitan? Si cada año es lo mismo o peor: tráfico pesado, filas interminables, calor, saturación, fiesta por todos lados… aun así miles deciden ir. Se entiende que todos quieren disfrutar, que la juventud busca ambiente y está bien mientras no haya excesos o pleitos, pero llegar a lo mismo de siempre y después desesperarse no cambia nada. Es muy fácil solo echar culpas”.
Cierra recordando que el problema no es nuevo y con aguda observación: “pero tampoco ha cambiado la forma en que lo enfrentamos, ni autoridades ni ciudadanos”.
La movilidad es horrible en Guaymas y hace ver la falta de cultura al respecto (salir en horarios distintos, compartir transporte, planear mejor), “y mientras no haya infraestructura suficiente para soportar ese crecimiento, el resultado va a ser el mismo… o peor”.
Eso sí es responsabilidad de la autoridad, no andar buscando culpables. Debe, ya, caminar hacia soluciones y en este momento comenzar la que evitará –reducirá, más bien—los problemas del próximo año.
EL TOPE
Cuando Eduardo Bours gobernaba “echado pa´delante” a Sonora, se ofreció visitar San Carlos y transitaba por el bulevar entonces llamado Manlio Fabio Beltrones, nombre que le quitó el actual mandatario Alfonso Durazo por no encontrar justificación para así llamarlo y le puso Teta Kawi.
Llegó al pueblo y, pasando playa San Francisco, no se percató del apurado freno aplicado por su chofer a la preciosa Suburban blanca y casi dibuja el entorno de su prominente cráneo en el cristal parabrisas de la costosa unidad oficial. Ofreció disculpas el conductor oficial del mandatario, pues a alguien se le había ocurrido colocar un tope en ese punto que alguien dijo, parecía escalón.
“¿A quién se le ocurrió esta pend…ada?”, habría preguntado el cajemense de gratos recuerdos en Guaymas-San Carlos por su nutrida obra gestionada y realizada.
Pronto supo a quién. Lo que no se supo es que hizo o dijo después, que el entonces titular de Turismo, el sancarleño Enrique Rodríguez Pompa, reaccionó pidiendo el inmediato retiro del tope mencionado y, como en las historias de príncipes y princesas, todos vivieron felices.
Pero no para siempre, porque ahora a alguien se le ocurrió otro unos kilómetros antes y el efecto nos lo ilustra con su magistral lente el fotógrafo José Luis Hernández, quien captó los derrapes de llantas de automovilistas “que son sorprendidos por este tope a unos metros bajando el puente que conduce a San Carlos”.
Sugiere, JL, que pudo instalarse en el crucero peligroso del Delfinario “y los policías que están sin hacer nada en dicho crucero podrían ayudar a desfogar tráfico en otras áreas”. A ver qué sucede con ese futuro obvio de la corrección y la innovación, porque en San Carlos, ya lo sabe la autoridad que está inmersa en gestión para que avance rápido, hay miles de millones en inversión y saben que el crecimiento exige medidas capaces de soportarlo.