La muerte de la inocencia

rturo Soto Munguía /    2026-04-30

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Quien suponga que en su relación con México, la principal preocupación del gobierno norteamericano son los muertos por consumo de drogas en su país, soslaya inocente o deliberadamente los millones de vidas segadas por el expansionismo gringo al menos en los últimos cien años, en todo el mundo. Por las guerras protagonizadas o inducidas; por los golpes de Estado, por el financiamiento de ejércitos regulares e irregulares en cualquier continente o por el interés en las colosales ganancias de la industria armamentista.

 

No, ‘mis cielas’, el gobierno gringo, sus fuerzas armadas y sus sofisticados aparatos de inteligencia camuflados en personal diplomático no tienen mucho remordimiento por la sangre que corre en las calles de su patria en tiroteos cotidianos o por el levantamiento de cuerpos inertes vencidos por el abuso de sustancias (buena parte de ellas de producción local que aunque masiva, es aún pobre para satisfacer las exigencias del mercado más grande del planeta), mucho menos les interesa el desmadre que traen los cárteles mexicanos allende su frontera sur, donde por cierto EEUU fue clave para su empoderamiento.

 

Les interesa, claro, pero no por los muertos mexicanos que ha dejado la guerra contra el narco desde los tiempos de Felipe Calderón y hasta la fecha, sino por los riesgos que entraña la ausencia de controles en México para cuidar los más de 3 mil kilómetros de frontera, no del paso de drogas que amenacen su salud pública, sino del paso de agentes enemigos que amenacen su hegemonía global, donde está la verdadera fuente de continuidad financiera de la misma.

 

El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza y otros ocho funcionarios públicos -incluyendo al alcalde de Culiacán, Juan Valenzuela Milán- sobre quienes el Departamento de Justicia de EEUU ha solicitado al gobierno mexicano su detención con fines de extradición por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa, son charales en el océano de conflictos geopolíticos globales que enfrenta EEUU.

 

Más aún, cualquiera diría que a esos ya los tenían ‘empapelados’ desde hace tiempo, sobre todo a raíz del ‘coro de narcos cantores’ que México ha mandado -por las buenas o por las malas- a Estados Unidos y que vaya usted a saber cuántas cantatas se han aventado.

 

Dadas las asimetrías entre ambos países, sin embargo, este episodio no tiene la misma relevancia aquí y allá.

 

En México, lo que en Estados Unidos es un asunto de mero trámite sintetizado por la embajada norteamericana como un capítulo más de la colaboración binacional contra el crimen organizado, fue un cataclismo político.

 

Pese a la disposición prácticamente ilimitada que ha mostrado Claudia Sheinbaum para fijar la idea de la ‘colaboración sin subordinación’ en esa materia, al presidente Donald Trump le urgen acciones para reposicionarse en el ánimo del electorado norteamericano frente a las cercanas elecciones de medio mandato que renovarán la Cámara de Representantes y podrían reconfigurar el Senado para los dos años restantes a la administración Trump, cuya popularidad va en franco declive.

 

La presidenta, que no ha tenido una sola semana de respiro desde que inició su administración, tiene frente a sí la peor encrucijada en este periodo. El próximo domingo 3 de mayo, Morena, el partido gobernante en México tendrá su Congreso Nacional, del cual forma parte el gobernador de Sinaloa.

 

¿El partido lo habrá de acuerpar como lo hicieron el año pasado en la Cámara de Diputados y en la de Senadores al grito de “¡No estás solo! ¡No estás solo!”?  ¿Sheinbaum le levantará la mano como lo hizo junto a López Obrador en una gira por Sinaloa cuando ya había estallado el escándalo por la ‘extracción’ de “El Mayo” Zambada? ¿Morena se jugará el resto apoyando a un cuestionadísimo gobernador sobre el que muchas voces en el oficialismo ya están urgiendo al deslinde?

 

La decisión no es nada sencilla, incluso si hacemos a un lado la farragosa narrativa jurídica y nos limitamos a la circense narrativa política.

 

Pero como telón de fondo tenemos todas esas voces de una oposición que, en su discapacidad electoral, ve en el intervencionismo norteamericano la tabla de salvación que la regrese a tierra firme, después del naufragio de casi ocho años desde el que ven a lo lejos, como las moscas, una luz atractiva que las seduce, aunque solo sea para achicharrarlas.

 

La inocencia ha muerto. Rocha Moya y los otros nueve son indefendibles. Han sido piezas clave, aunque no las únicas, para diezmar la credibilidad del gobierno de la cuarta transformación, y tendrían que ser juzgados -aquí o allá- por todos los delitos de los que se les acusa, atendiendo los criterios elementales de presunción de inocencia y respeto al debido proceso.

 

Pero tampoco hay inocencia en lo que está haciendo el gobierno norteamericano, nunca la ha habido. Frente a sus narices está el olor de un nuevo Tratado de Guadalupe Hidalgo con el que se apropiaron de más de la mitad del territorio mexicano. Algo, por cierto, con lo que no pocos compatriotas sueñan, pensando que con ello se volverán gringos.

 

No es así. Hace bien la presidenta Sheinbaum en defender con todo la soberanía y la autodeterminación. Hace bien en sacar la casta por la mexicanidad. Hace bien en plantarle cara al imperio.

 

Pero la verdad, hay gente en su propio partido y entre sus aliados, que no le ayudan mucho. Rocha Moya, los otros nueve y todos los demás que están bien ‘empapelados’ en expedientes gringos, se cuentan entre ellos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

 

Mientras tanto en el ámbito local la dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, Natalia Rivera Grijalva le puso el cascabel al gato al salir a contrastar la narrativa oficial sobre indicadores macro y microeconómicos que hablan de un país con rumbo, crecimiento y bienestar; citando como fuentes al IMSS y al INEGI, habló de una caída en la generación de empleos, un aumento en la tasa de informalidad y entre otras cosas, el cierre de empresas que, obviamente, tiene un efecto negativo en la economía.

 

Apelando a un regionalismo beisbolero, le dieron en llamar a esta campaña que ayer anunciaron, “Algo en la bola”, en un juego de palabras que contrasta en una crítica a los actuales gobernantes de quienes dijo “no traen nada en la bola”.

 

Con esas beisboleras alegorías, los naranjas hicieron una convocatoria para recopilar desde la sociedad civil “mil ideas para cambiar el juego” a partir de posicionar en la conversación pública los temas en los que, desde su perspectiva, están siendo insuficientemente abordados por el actual gobierno: economía, salud, deporte, gobierno, educación, medio ambiente, movilidad, transporte, entre otros.

 

En un recuento, y acudiendo a las fuentes antes citadas, Natalia Rivera sostuvo que la inversión extranjera se ha desplomado hasta los 88 millones de dólares, el PIB estatal cayó al -0.5% en 2024; Sonora se encuentra en el último lugar de exportaciones entre los estados fronterizos y en 2025 se perdieron casi 16 mil empleos, entre otras cosas porque se han cerrado tantos negocios que actualmente existe el mismo número de empresas que en 2016.

 

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