EL BIEN Y EL MAL.
Hermosa historia…
El viejo desciende de su bicicleta que -como caravana con sombrero ajeno- le obsequió el secretario de Bienestar del gobierno del Estado, pasa y mira la vidriera de la Librería Universitaria todos los días, no sé porque lo asociamos a alguna cuestión con un libro y con que no le alcanza el dinero para comprarlo o con que veía algún libro para algún nieto y estaría esperando se cumpla para llevarlo.
Desde el café del comedor universitario o desde el Bol Pitic platicamos que lo habíamos visto todo y lo imaginábamos; se volvió durante mucho tiempo el tema de nuestros debates; los cafés son los lugares ideales para que zurdos, derechos, radicales, chairos y opositores puedan debatir sobre cosas que, en la realidad, no pueden o no quieren cambiar.
Había una historia en ese “pararse frente la vidriera” y era necesario ir por ella...
La agadable mesera, un día mientras chárlabamos sobre el viejo que nos estaba dando “una razón de existir”, nos contó:
-"Vive cerca del museo un una casa semi destruída por la calle Niños Héroes frente al Staus, quizá con algún pariente. Era hachero vivió toda la vida en la costa, se enfermó, un diputado se compadeció- muy raro en ellos- y le consiguió una jubilación y ahí está casi solo; en las tardes, a 40° todavía se sienta en la plaza Zubeldía en una banca, mirando fijamente el descuidado busto de Emiliana, come un caro hotdog para todo el día y agua de la llave, fuma delicados y azúcar y ahí está viviendo o sobreviviendo, pero ahí está..."
Ya estaba, eran muchos los datos, esa mañana cuando lo ví me crucé y me le paré al lado... Saludos de rigor y pregunta directa:
-. ¿Qué libro busca, abuelo?
-“Aaaaa-, se rió, la cara áspera, las manos aún más y la voz de tabaco-. No, no busco nada, yo no sé leer, me gusta ver las figuras, las gorras y los colores, eso nada más".
Saludó y siguió...
En la mesa del café empezamos a charlar sobre qué hacer, en realidad se pusieron a debatir sobre la justicia social y la educación, la nueva escuela mexicana, las universidades del bienestar y esto y lo otro y que el peje, que Fox, que Calderón, que Durazo, que el Staus, que es Steus, que los periodistas chayoteros, que proyecto puente, que Rocha Moya, que Ruffo, que Toño y Adán y Eva y el señor Jesucristo, este y el otro, … pero la cuestión es que en concreto ¡nada se podía hacer...!
El mesero un día me dijo que había una maestra del Club Rotario Pitic y del Staus que llevaba a los viejos al salón del Templo del Sagrado Corazón de Jesús, en el barrio 5 de mayo donde había dejado honda huella el párroco Armando Armenta y ahora con el padre Alberto Millán, para enseñarles a leer... Allá fui y ella fue a buscar al viejo...
Y pasó un tiempo y nosotros seguimos en el café haciendo “la nada misma” y el viejo pasando y parando a mirar en la librería...
Y un día...
Un día.
El viejo entró a la Librería, lo atendió Ana Luisa Morales Borbón, al rato lo vimos salir con un paquete en la mano, un libro “El Hermosillo que se nos fue” y una sonrisa de viejo en la cara, una sonrisa de esas que son fruto de un logro...
(Adaptación HRE)