¿Son mis nervios o ustedes también han notado que a partir de los sucesos en Guaymas, donde hubo un desaguisado entre los protagonistas de la adelantadísima campaña electoral, y luego de la reunión que sostuvieron con el secretario de Gobierno, Adolfo Salazar, como que le han bajado poquito de huevos a su licuado sucesorio?
Yo no sé, pero algunos colegas que se reunieron con el secretario de Educación, Froylán Gámez, presente en ese encuentro de Salazar Razo con los dirigentes de los partidos de la coalición que encabeza Morena, y con Lorenia Valles y Javier Lamarque, reportaron que todo fue coser y cantar, hagan de cuenta aquel vuelo a Bolivia para rescatar al solado Evo, en el que el entonces secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard mandó a Froylán para traer a México al ya expresidente boliviano que había renunciado en medio de protestas por un fraude electoral, lo que generó un conflicto internacional que de chingaderas no acabó en un ‘levantón’ como el que le dieron a Maduro.
O sea, todo tranquilo. Uno que otro misil pasando cerca de la nave, pero en general el Froylán pudo sacar la chamba y rescatar al soldado Evo, que luego tuvo que salir de México en un presunto viaje a Cuba para un chequeo médico, aunque dicen (dicen) que los gringos habrían venido por él a las mismísimas tierras aztecas, lo cual se antoja imposible, porque México es un país libre, independiente, soberano y siempre dispuesto a la colaboración, pero no a la subordinación, de manera que jamás hubiera aceptado una intervención gabacha en el suelo patrio.
De hecho, los 92 objetivos criminales que ha mandado a EEUU desde prisiones mexicanas, no obedecen a las exigencias del imperio yanqui, sino a un programa ultrasecreto de colaboración sin subordinación, que el gobierno de Claudia Sheinbaum tiene para aprovecharse de la bonhomía de Donald Trump, siempre dispuesto a absorber los gastos de manutención de esos ‘bad hombres’, a cambio de que el gobierno mexicano tenga solvencia para darle un mejor destino a esos recursos, vía sus programas sociales.
Yo no sé, pero lo que sí sé es que Lamarque y Lorenia ya nomás andan difundiendo boletines de prensa y no se les ha vuelto a ver en los llamados “Encuentros municipales por el desarrollo”, que tan de buena fe les andaban organizando algunos alcaldes.
En fin…
II
Más de 8 mil 600 millones de pesos invertirá el gobierno federal en el mantenimiento de carreteras en el norte del país, siendo Sonora uno de los estados más beneficiados con esta inyección de recursos que vendrán a darle algo más que una manita de gato a varias rúas a las que ya les hacía falta.
Entiendo que hay lectores de esta columna que, leyéndonos desde Hermosillo tienen muy delimitado el espacio geográfico que conocen más allá del fundo legal del municipio y de hecho se mueven creyendo que sus fronteras son, hacia el norte, el ‘Autoparador’; hacia el sur, “El Cid”; hacia el poniente, el “Helsinky”, y por la carretera a Yécora, el ‘Sol y Luna”.
Pero habrá otros que tengan más mundo y eventualmente hayan viajado más allá de esas estaciones locales de concupiscencia y se habrán dado cuenta de que las carreteras muestran un deterioro notable, por lo que ya les urgía una intervención.
Pues de esos 8 mil y pico de millones de pesos, algunas carreteras del noroeste mexicano van a tener lo suyo a lo largo de 3 mil 170 kilómetros. Y no, no es que vayan a reconstruir toda esa pila de kilómetros, pero sí a reparar la superficie de rodamiento con tres tipos de intervenciones, a saber: recuperación y carpeta para retirar hasta 30 centímetros de profundidad, reforzar la base y colocación de nueva carpeta asfáltica de cinco centímetros; fresado y carpeta, para reforzar la base del camino y colocación de nueva capa asfáltica, así como microcarpeta con pavimentación para aplicación de asfalto.
En Sonora, 62 cuadrillas con equipos especializados estarán trabajando en este programa llamado “Megabachetón” (que no es lo mismo que Megabaquetón) con el que se van a invertir más de 50 mil millones de pesos en las carreteras del país y que por cierto, generará unos cien mil empleos.
III
Por cierto, y a propósito, levantó polvo el alcalde de Hermosillo, Antonio Astiazarán con su anuncio de un programa intensivo de bacheo con el que pretende cubrir un millón de metros cuadrados de esos hoyancos que suelen aparecer con o sin lluvias en esta ciudad a la que desde hace mucho no se le invierte pero en serio, no solo en cruceros y vialidades más transitadas, sino en calles y callejuelas de barrios y colonias donde las cosas no pintan nada bien en esa materia.
El anuncio se convirtió en tema de conversación en redes sociales y cafetines, y hasta en las mesas familiares a la hora de los sagrados alimentos, con versiones a favor y en contra, pero para ser francos, es mejor que se tomen cartas en el asunto desde ahora, a que el alcalde se quede cruzado de brazos viendo como se deterioran las calles y esperando a que le vuelvan a preguntar de qué sabor quiere su nieve cuando solicite apoyos del gobierno federal para intervenir en un paliativo a ese problema.
Del gobierno del estado no se puede quejar. Desde esa instancia se han destinado recursos millonarios para remozar el Centro Histórico de la capital, incluyendo edificios emblemáticos como la Catedral y el Mercado Municipal; le están inyectando más de 250 millones de pesos a La Sauceda y está por comenzar la ampliación a cuatro carriles de la carretera a Bahía de Kino, en el tramo de Hermosillo al Poblado Miguel Alemán.
Pero bueno, siempre habrá quién quiera amarrar navajas, sobre todo en estos tiempos cuando las ansias preelectorales están a flor de piel.
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