Sin que sea oficial, es posible que el lunes próximo el STAUS levante la ‘huelga de hecho’ en la Universidad de Sonora.
Que haya sido el mismísimo gobernador Alfonso Durazo el que asumiera las riendas de la mediación entre las partes (rectoría y sindicato) al reunirlos ayer por la tarde en Palacio de Gobierno, contiene una historia que se debe contar a partir de la pregunta: ¿Dónde están los operadores políticos que tendrían que hacerse cargo de la gobernabilidad?
Evidentemente han fallado, desde Palacio, desde Rectoría y desde el sindicato de académicos al que le aplicaron la misma receta que al de manuales y administrativos, sin considerar que los profes tienen más y mejores herramientas jurídicas y políticas para transitar los caminos de un conflicto laboral como el que están atravesando.
La historia tiene que ver, entre otras cosas, con la decepción. Ayer entrevistamos en la cabina de Radio Sol, en el104.7 FM, al abogado del sindicato de académicos, Matías Alejandro Luna Navarro. En el programa Lenguas Vespertinas se puso sobre la mesa una pregunta que muchos se hacen y pocos responden: ¿Por qué, siendo el STAUS un sindicato señero en las luchas por la defensa de los derechos de los trabajadores; comprometido con las batallas de la izquierda para la conquista de sus demandas laborales, al grado de entregarse en cuerpo y alma -al menos su dirigencia- a la tarea de sacar al PRIAN del gobierno de Sonora, apoyando a Alfonso Durazo desde su campaña al Senado en 2018 y ni se diga en la de 2021 para la gubernatura, lo ha confrontado ya con cuatro huelgas en la Universidad de Sonora?
La respuesta del jurídico del sindicato fue lapidaria: “las expectativas rebasaron los resultados”.
Nosotros también creíamos -dijo- que con un gobierno de izquierda, con sindicalistas en posiciones importantes en la estructura gubernamental, las cosas transitarían de mejor manera. Se refirió con esto al nombramiento de Aarón Grageda en la Secretaría de Educación y Cultura; al de Olga Armida Grijalva en la Secretaría del Trabajo y al de Álvaro Bracamontes en la Secretaría de Gobierno, sin contar al de Jorge Taddei en la delegación del Bienestar (federal).
Todos ellos maestros de la Unison, todos ellos en puestos claves para la atención a conflictos político-laborales, todos ellos con un historial de compromiso con la transición democrática. Todos ellos, ya fuera de la administración estatal, al menos -algunos- en los cargos para los que fueron designados inicialmente.
Si ayer, el gobernador tuvo que asumir personalmente el papel de mediador, significa que sus relevos tampoco han dado el ancho.
Y conste que por Alfonso Durazo no ha quedado. En su quinto año de ejercicio, el gobernador ha destinado 550 millones de pesos extra para la Universidad de Sonora. Es decir, del 50% de los recursos que le corresponde aportar al estado (el otro 50% corresponde al gobierno federal), Durazo ha orientado esos 550 millones extra (126 millones nada más este año) para la Unison.
De esto también le preguntamos a Luna Navarro y nos dijo que si así fue, esos recursos no los destinó la Universidad para la atención de las demandas salariales de los académicos y trabajadores.
Hasta ayer, las negociaciones entre Rectoría y el sindicato estaban empantanadas. Habrá que ver el resultado de la reunión en Palacio de Gobierno, pero de acuerdo a las versiones recogidas en este espacio, es posible que se haya arribado a acuerdos, de manera que la huelga podría levantarse la próxima semana.
La negociación no es sencilla. De los aproximadamente mil 800 maestros sindicalizados, la mitad son de ‘horas sueltas’, es decir, profesores por asignatura con una carga laboral cuantitativa y cualitativamente pesada, cuyos ingresos apenas son de salario mínimo, es decir, unos diez mil pesos mensuales.
No es cierto, aseguró el abogado del sindicato, que los profesores de la Unison sean una casta privilegiada. Sí hay docentes que perciben salarios de 60-70 mil pesos mensuales, pero para ello tuvieron que acumular años de experiencia, hacer méritos en investigación, publicaciones, concursos para becas (tortibecas, como jocosamente le llaman en la Universidad), conferencias y demás, pero la mayoría batalla lo mismo que cualquier mortal para llegar al fin de quincena.
La ‘casta privilegiada’, en todo caso, se encuentra en la estructura administrativa de la Universidad, donde hay salarios superiores a los cien mil pesos mensuales.
Hay una realidad de precarización salarial de la docencia que choca con el neoliberal tope salarial de 4% impuesto por el prianismo, pero que es otro de los descubrimientos del progresismo como una política que estaba mal antes, pero no es tan mala ahora. Buena parte de la clase gobernante en México, comenzando por la propia presidenta de la República, dejaron parte de sus vidas en los movimientos estudiantiles y sindicales por la gratuidad de la educación y contra el tope salarial, pero hoy se encuentran del otro lado de la barra de la cantina, alegoría que ilustra la diferencia en los papeles que les ha tocado protagonizar en este teatro que es la vida.
En el fondo de este conflicto está el desconocimiento supino de la historia de las luchas universitarias, porque mientras el mundo giraba anoche en torno al concierto de Maná, los sindicalistas organizaban las guardias, se coordinaban con las policías municipal y estatal para resguardar el campus las 24 horas, lapso en el que -cualquiera que haya estado en una ‘guardia’ lo sabe- se discute, se acuerda, se llega a conclusiones y se definen tareas.
La huelga en la Unison es un tema serio, pero lo que no parece muy serio es el abordaje que se le está dando desde el gobierno del estado, al grado de que tuvo que entra al quite el gobernador, porque sus ‘operadores’ parecen de esas maderas que no agarran barniz.
La buena noticia es que el fantasma de la huelga está a punto de ahuyentarse; la mala es el déficit de operación política para evitar conflictos que podrían gestionarse de mejor manera y no pegándole a la añeja tradición de lucha de un sindicato que ha lidiado con los gobiernos abiertamente neoliberales que institucionalizaron el tope salarial.
Se supone que quien debería estar a cargo de gestionar este y otros conflictos es el secretario de Gobierno (egresado de la Unison, por cierto), Adolfo Salazar Razo, pero las más recientes noticias sobre él lo ubican en cálidos y sonrientes abrazos con protagonistas de la sucesión gubernamental, lo que no estaría mal, si no fuera porque en la Unison está ardiendo el rancho y tiene que salir el gobernador como apagafuegos.
II
Ya sé que todos y todas se fueron a las Fiestas del Pitic y muchos y muchas apartaron lugar como si no tuvieran más opción que la de perderse en el mar como la loca de San Blas, pero pues en un ejercicio de administración eficiente del tiempo libre, este tundeteclas decidió perderse tan magno concierto, porque quizás en unos años lo podríamos volver a disfrutar.
Mejor me guardo para el regreso desde Guaymas, a donde compromisos laborales nos obligan cada viernes, pero sin falta estaremos ahí para los conciertos de Molotov y El TRI sobre todo el de este último, porque como dijo en un devaneo de espontaneidad Adela Micha, “Ya no tarda en morirse”.
No es cierto, lo reitero. El buen Alex Lora, como el rocanrol, no morirá jamás.
Allá nos vemos esta noche de viernes.
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