Esta quizá no sea una de las opiniones más populares y sí más debatibles en estos momentos, pero trataré de argumentar el punto.
¿Y por qué entonces la izquierda gobierna desde la presidencia de la República, mantiene mayorías en las cámaras de diputados y senadores; gobierna 24 de las 32 entidades federativas donde además controla las legislaturas locales, y ganó en la mayoría de los municipios del país?, es la pregunta que salta a botepronto.
La respuesta es muy simple, pero también muy compleja.
Porque ese bloque hegemónico no es de izquierda. Al menos, no es la izquierda como la conocimos hasta antes de 1988, cuando esta se componía de cualquier cantidad de organizaciones y corrientes que para efectos prácticos podía dividirse en dos grandes bloques: los que habiendo aceptado términos y condiciones de la reforma electoral de 1977 (Reyes Heroles) comenzaron a acceder a las cámaras por la vía plurinominal, y los que se mantuvieron firmes en la posición de que al PRI no se le podría arrebatar el poder si no era por la vía armada.
El 88 marcó un parteaguas con la organización del Frente Democrático Nacional que aglutinó cualquier cantidad de fuerzas opositoras al PRI (y algunas aliadas hasta entonces al tricolor), el único partido que había gobernado el México postrevolucionario. Y sus principales figuras (del FDN) provenían, precisamente de la disidencia priista (la Corriente Democrática, llamábase), harta también de las prácticas autocráticas de ese partido: Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, señaladamente, a quienes se unió un ícono de la izquierda mexicana, entonces candidato del PSUM a la presidencia, que terminó declinando en favor de Cárdenas.
Había, ciertamente, una gran insurgencia popular antipriista -sindical, campesina, urbano-popular- muy significativa en las calles, pero electoralmente muy marginal, que tras la sumatoria con liderazgos y bases sociales del PRI terminaron poniendo en aprietos al partido en el poder, al grado de que aún subsiste la idea de que la victoria de Carlos Salinas de Gortari fue a través de un monumental fraude electoral, operado -quién lo dijera- por el entonces secretario de Gobernación de Miguel de la Madrid, Manuel Barttlet Díaz.
Pero allí comenzó el ascenso de la izquierda y sus triunfos electorales que, insisto, no habrían sido posibles si no es a partir de la incorporación de una base social corporativa que hasta antes de eso era controlada por el PRI, sobre todo en el entonces Distrito Federal: ambulantes, taxistas, transportistas, sindicatos, organizaciones vecinales, etc., lo que ayudó a que en 1997 Cuauhtémoc Cárdenas llegara a la Jefatura de Gobierno, ya como candidato del PRD, fundado en 1989, y que en todos esos años fue carcomiendo y ganado para sí las estructuras corporativas del PRI, sumándolas a otras que ya controlaba la izquierda, muy ruidosas en las calles, pero electoralmente poco competitivas.
Este es un punto clave: el desdoblamiento de priistas hacia la izquierda incluyó la mimetización de prácticas hasta entonces abominadas por aquellas huestes que llenaban las calles al grito de “Adelante, atrás, a los lados, aquí no hay acarreados”, consigna que hoy ha sido guardada en los empolvados archivos de la nostalgia. Aquellas masas llenaban las calles y las plazas, pero no las urnas.
Esta también es una anotación importante. Con la apertura de la izquierda a personajes, corrientes, partidos y organizaciones del viejo régimen, llegaron a pasto quienes traían el ‘expertise’ electoral. La muchas y muy variadas formas de ganar elecciones por las buenas o por las malas.
II
En Sonora el PRD compitió como partido por primera vez en 1991, llevando como candidato a gobernador a Jesús Zambrano Grijalva, desde entonces cercano a Manlio Fabio Beltrones, el candidato del PRI. Su votación le alcanzó apenas para una diputación local plurinominal, que ocupó el dirigente campesino Juvencio Torres. En Sonora no había más que dos fuerzas políticas electoralmente en disputa: el PRI y el PAN. El PRD creció un poco en 1994, y para el 97 dio el campanazo ganando todos los municipios del sur del estado, desde Guaymas hasta Etchojoa, y generando la legislatura más equilibrada que se haya conocido.
Nunca se ha despejado del todo la leyenda urbana de que ese año, Beltrones le inyectó recursos extraordinarios al partido del Sol Azteca, para minar el ascenso del PAN, que venía pisándole los talones, después de aquella elección de 1985 cuando el “Pelón” Rosas perdió ante un desarraigado Rodolfo Félix Valdez, en otra elección oscurecida por la sombra del fraude.
Del 97 en adelante comenzó el declive del PRD, que postuló nuevamente a Cárdenas en el 2000, perdiendo ante Vicente Fox. Luego surgió la figura de AMLO, que perdió en 2006 ante Felipe Calderón (otra vez la sombra del fraude) y en 2012 se repitió la historia ante Enrique Peña Nieto.
El PRD implosionó por esas fechas. Sus conflictos internos los llevaron a una severa crisis en la que AMLO ya había crecido como caudillo y, tal como lo hiciera Cárdenas con el PRI en el 87, se llevó con él a una buena parte de la base electoral perredista, dejando al PRD en el puro cascajo, con liderazgos muy cuestionados y aferrados a una tabla de salvación que representaban sus enemigos históricos, el PRI y el PAN. Los resultados fueron un desastre que culminó con la pérdida del registro nacional.
Por el otro lado, AMLO -que también venía del PRI- entendió que solo con las fuerzas tradicionales de la izquierda no podría ganar la presidencia de la República. Personajes, partidos y organizaciones a los que se había negado a abrirle las puertas en sus dos intentos anteriores por conquistar la presidencia, tuvieron puertas abiertas para 2018.
Priistas y panistas -algunos de manchadísima trayectoria- tuvieron puertas abiertas, y también chorros de dinero que en otras circunstancias no hubiera aceptado. El pragmatismo neopriista terminó triunfando frente al principismo de una izquierda que probó las mieles del poder y se engolosinó con ellas aún a sabiendas de que jamás lo hubieran conseguido sin la ayuda de fuerzas que antes rechazarían con asco.
Nadie que haya pasado por aquellos procesos de los 80 y 90, podría imaginar que llegaría el día en que El Fisgón, Pedro Miguel, Epigmenio Ibarra, el Monero Hernández, Pablo Gómez, entre otros, se rendirían al culto de Manuel Bartlett, santo patrono de la honestidad, la transparencia y la civilidad electoral.
Morena y sus aliados hoy son una fuerza poderosísima, a pesar de la crisis por la que atraviesan gracias a los cuestionamientos, sobre todo por el presunto financiamiento ilícito de sus campañas electorales.
Morena y aliados siguen siendo una máquina de ganar elecciones, pero hay muchas reservas de que los engranajes de esa máquina tengan mucho que ver con la izquierda, lo que para efectos prácticos del ejercicio del poder, ciertamente, es irrelevante.
Sin embargo, el proceso no ha sido solo coser y cantar. En muchas partes del país comienzan a aparecer grietas que pudieran agrandarse conforme se acercan los tiempos de la definición de candidaturas.
Ya no es aquel 2015 o 2018 cuando muchos militantes de izquierda rechazaban las candidaturas no solo por las dudas sobre la victoria, sino porque en esa lanzada tendrían que abrir la cartera e invertirle a las campañas, que requieren mucho dinero. Así fue que comenzaron a llegar otros y otras con mejor sentido de oportunidad para los negocios, y sin hacer pucheros le metieron lana a sus candidaturas. Muchos se ganaron los mejores premios.
No es casual que hoy, años después y ya con un partido-aplanadora, se reavive el debate entre ‘fundadores’ y ‘recién llegados’, un debate que no es bizantino, sino que tiene repercusiones en la selección de candidatos.
Yo no le despegaría el ojo, por ejemplo, a Hermosillo. Es muy representativo de esto lo que se está armando desde algunos liderazgos locales como los de Vicky Espinoza y Jacobo Mendoza que empiezan a mostrar el músculo en reuniones nutridas de militantes capitalinos. Es posible que no estén muy conformes con la eventual candidatura de Fernando Rojo de la Vega o Paulina Ocaña, que traen todo el ‘power’ desde Palacio, pero que ellos ven como recién llegados.
La situación se repite en otros municipios.
Por el lado de la candidatura al gobierno del estado no hay tanto problema, o no debería haberlo. Tanto Lorenia Valles como Javier Lamarque tienen toda su vida militando en la izquierda, y los dos han demostrado también un gran pragmatismo a la hora de tejer alianzas de primer nivel, incluso con el poderoso y muy astuto sector empresarial, que de lejos frunce las narices frente a los ‘chairos’, pero que de cerca huele la oportunidad de seguir haciendo negocios millonarios a la sombra del poder.
AMLO lo resumió impecablemente: en ningún otro sexenio, a los banqueros y a los grandes inversionistas les ha ido tan bien como en el mío, dijo alguna vez, palabras más, palabras menos. Y no es mentira: la estampa que mejor ilustra lo anterior es aquella reunión con los grandes potentados nacionales comiendo tamales de chipilín y bebiendo horchata en Palacio Nacional, para ensartarles millones de cachitos de lotería en la que el premio mayor era el avión presidencial cuyo destino final no tuvo nada que ver con esa rifa.
Pero bueno, como dijera la inolvidable Cristina Pacheco, ‘aquí nos tocó vivir’ y esto estamos viendo. La izquierda mimetizada en su némesis, normalizando la mapachería y descubriendo que aquello que estaba mal porque lo hacían los priistas y los panistas, ahora está bien porque hay una ‘razón de Estado’ relacionada con la conquista del poder y la permanencia en el mismo.
Así como no queriendo la cosa, muy marginalmente, muy a soslayo, habrá qué estar pendientes de algo que comienza a tomar forma en el partido hegemónico y que pone en la balanza la conveniencia histórica de, por ejemplo, seguir poniéndole el pecho a las balas defendiendo a personajes, no sé, como Rocha Moya, por ejemplo.
Son, definitivamente, otros tiempos, de los que nadie debería asustarse, aunque algunos sí deberían leer lecciones al mirarse en el espejo de la historia.
Es cuanto.
También me puedes seguir en X: @Chaposoto
Visita www.elzancudo.com.mx