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+ Navojoenses contentos: les modernizarán su estadio de béisbol; guaymenses siguen a la espera de una promesa incumplida con su estadio; si no se puede pagar la entada, es hora de revisar si se logra el empleo remunerativo; Aguilar insistirá en 2030; el PRI incita a sus jóvenes a renunciar

Agustín Rodríguez L.

GUAYMAS, Son. – Modernizan el estadio Manuel “Ciclón” Echeverría en Navojoa, tras la gira del gobernador Alfonso Durazo que incluyó iniciar el proyecto de 200 millones de pesos para rescatar ese emblemático recinto.

A su lado, el alcalde, Jorge Elías Retes, y Víctor Cuevas, dueño de los Mayos, quien explicó el plan, ahora que se regresó de Tucson al fracasar su intento de internacionalizar el béisbol de invierno.

El estadio se inauguró en 1970 y en 1978 le impusieron el nombre de legendario pitcher. Por lo que significa social y económicamente, el gobernador autorizó respaldo oficial a la inversión. Es uno de los estadios más antiguos de la Liga del Pacífico y el único que no se ha remodelado o reemplazado, pese a su deterioro.

Expusieron imágenes para mostrar cómo quedará el inmueble y consolidar el regreso de los Mayos a un mejor estadio. El gobernador hace dos meses habló de 150 millones para que esa novena regrese a su casa. Se equivocó a favor y la buena noticia fue acompañada de la confirmación del rápido trabajo para estar en la próxima edición de la competencia.

El plan lo impulsaba el ex presidente López Obrador, pero se detuvo por problemas jurídicos relacionados con la propiedad del inmueble, ya solucionados.

Dejaron claro por qué meterle dinero público a una empresa que negocia con el béisbol: genera dinámica económica en las ciudades a favor de todos; eso sí, el mandatario pidió a los directivos precios accesibles en los boletos para garantizar que la afición pueda disfrutar del espectáculo.

Fortalece a ese deporte en el sur de Sonora e impulsa la actividad deportiva y económica.

Eso obliga a los guaymenses a preguntarse: ¿Deterioro? Entonces vean al estadio de Guaymas, el “Abelardo L. Rodríguez”.

Buscar que la gente se una, fortalecer el deporte, dinamizar una economía en torno a la actividad, es bueno, pero ¿No se aplica en Guaymas? La participación del dinero público se justifica con eso.

Veamos un ejemplo que empuja la necesidad de devolver el béisbol profesional de invierno a este puerto, donde se jugó por primera vez, en la plaza de Las Carretas, a fines del siglo XIX:

Guaymas dio un salto para salir de problemas socioeconómicos arrastrados por pugnas políticas que provocó la disputa del poder en 1991 –la primera derrota del exhegemónico PRI–, a principios de este siglo, cuando Eduardo Bours gobernaba Sonora y Calderón el país. Construyeron obras resaltantes.

Un bulevar muy útil en el surponiente, dragados que permitieron el arribo de barcos cargueros de hasta 100 mil toneladas, una terminal de cruceros, una marina turística en la bahía y la cereza del pastel que hemos despreciado: el malecón turístico, envidiado por cualquier puerto del mundo, con su gran explanada y su olvidada fuente danzante. Poco hemos aprovechado de eso.

El malecón, dijeron entonces los observadores de la conducta humana que ayudan a diseñar agendas de protección civil y de seguridad pública, ayudó a reducir 16% la información negativa recurrente en medios y entre la gente y mejoraría al realizarse actividades de encuentro y convivencia social, como ya sucede.

Eso exige un eje y por eso la pregunta recurrente vuelve: ¿Y el Abelardo L. Rodríguez?

Se dejó caer junto con el equipo y el béisbol mismo, que desde los años 90 no nos brinda satisfacciones pese a ser esta región un semillero de campeones.

Un estadio modernizado como anunció sin cumplirlo el pasado sexenio federal, ayudaría a esas mismas metas en el sur de la ciudad, que permanece como zona deprimida en todos los sentidos.

Algo pasa con eso, que ni el presidente de México lo pudo concretar. Hubo otros intentos y el más sólido lo emprendió la familia Llano, con don Octavio a la cabeza, dueño de largo antecedente como impulsor del béisbol. A finales de los años 70 del pasado siglo presidió el club “Ostioneros” y aún intenta revivir aquellas épocas.

Cuando el empresario pesquero Ramón Ramírez dejó la franquicia a inicios de los 90, se pensó en don Octavio para rescatar al equipo y mantener ese deporte como aliento a la cohesión social. Reiteró Llano a los gobernadores Armando López Nogales y Eduardo Bours un “yo armo el equipo, tú rehabilita el estadio”. Se justificaba: el equipo va y viene, el inmueble es patrimonio público.

Querían, pero no pudieron hacerlo y sigue el suspenso. López Obrador avivó la esperanza y tampoco pudo. Pero hace falta.

Si el pretexto es la falta de poder adquisitivo de los guaymenses –hay mucho empleo, pero de poca paga–, es hora de que nuestros representantes –alcalde(sa), diputados (locales y federales), senador y por supuesto, la clase empresarial, tomen en serio dicho obstáculo, pues algo no están haciendo bien los capitanes de la tarea económica y la riqueza no refleja reparto justo.

AGUILAR: “MI ASPIRACIÓN SIGUE”

Así respondió Heriberto Aguilar a la pregunta de dónde quedó su aspiración de gobernar Sonora: “Mi aspiración sigue ahí”.

Ante la interrogativa expresión del entrevistador, se extiende el guaymense que nos representa en el Senado: “el 27 no se acaba Sonora. La lucha por la transformación continúa siempre y en el tiempo que corresponda y las circunstancias que convengan al movimiento y al pueblo, en este caso a la gubernatura del 2030, ahí estaré presente para contribuir a servir a mi estado. Como hombre fundador e histórico del movimiento estaré presto para contribuir y seguir avanzando”.

Ahora a esperar si permanece en su escaño o acepta la oferta de ser candidato a la alcaldía de Guaymas, donde fuera de él, nadie garantiza unidad en el morenismo regional.

PRI, NI VIENDO LA TEMPESTAD

Gines Valentín Rodríguez era muy joven cuando aceptó dirigir el PRI Municipal. Nadie quería medirse contra lo que eso significaba. Venía durísimo el morenismo, pero enfrentó al miura. Su peor obstáculo fueron los propios priístas.

Hoy es regidor tricolor por las mismas influencias de siempre, como es su compañera en el Cabildo, Lorenia Portugal. Hace unos días, un emisario de Lupita Soto en forma poco amable le dijo que debe renunciar a siglas y regiduría. Vaya petición.

Su pecado es, desde la óptica del presunto enviado del Estatal que preside la señora Soto, Gines se hizo compadre del senador Heriberto Aguilar, un deseo cumplido a sus esposas, compañeras de trabajo, y los tricolor ahora ven moros con tranchete. Eso es ver la tempestad y no hincarse.

Aparte, desayunaron en un comedor local el diputado local Sebastián Orduño, aspirante también a la alcaldía, y Carlos Sosa, coordinador del Instituto de Movilidad y Transporte para el Estado.

Por el rostro del representante, parecía reclamarle que algunos concesionarios del transporte de pasaje no encienden el aire acondicionado en sus unidades. Si lo convenció de hacerlos cumplir la obligación sus representados se lo agradecerán y el IMTES demostrará que el cocesionario no se manda solo y debe sujetarse al lucro moderado.

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