La alimentación, prioridad No. 1


En mi artículo del lunes pasado, al que titulé: “Bronca entre productores y gobierno”, abordé el diferendo que se ha presentado entre ambos, y que ofrece perspectivas sumamente sombrías y preocupantes, ante la posibilidad de que ambas partes no lleguen a acuerdos positivos en el muy corto plazo, y que el conflicto de alargue y profundice. En dicho artículo traté de evitar emitir juicios de valor respecto a esta crisis, habida cuenta de que el lío es muy reciente, que todavía no se cuenta con suficiente información, y que aún no hay evidencias de una posible solución. En el artículo incluí toda la información que logré reunir sobre el asunto, movido por mi intuición, que me está diciendo que esta peligrosa situación reune todos los ingredientes para convertirse en una bomba nuclear, de no resolverse a la máxima brevedad. A esto no se le pueden dar largas, ni se vale andar con tonterías políticas.

¿Le parece a usted exagerado lo que acabo de decir? Bueno, más allá de los beneficios o perjuicios que pueda tener sobre el importante sector de los productores de granos, cuyo porcentaje definitivamente mayoritario de localiza en la zona norte de Sinaloa y en la zona sur de Sonora (que que entre ambas producen tal vez el 90% de los granos que consume al país); y los intereses del gobierno federal y sus políticas de corte socializante, lo que está en juego es infinitamente más importante y trascedente: es la alimentación del pueblo mexicano, y el futuro de la Autosuficiencia Alimentaria mil veces prometida por Andrés Manuel López durante su campaña en pos de la Presiencia.

Víctor Suárez Carrera, Subsecretario de Autosufiencia Alimentaria de la SADER, declaró recientemente que avanzar en materia de autosuficnecia alimentaria constituye una prioridad nacional, y mencionó específicamente cultivos como maíz, trigo, frijol y arroz, así como leche y productos cárnicos. Afirmó que es inaceptable continuar con la línea de dependencia de las importaciones, y que actualmente las compras en el exterior de los alimentos que consumimos, representa el 44% del total, y que las erogaciones que se realizan por concepto de importación de insumos, combustibles y maquinaria para producir alimentos ascienden al equivalente de 400 mil millones de pesos. En esta declaración del funcionario está plasmada la gravedad del asunto, y sus muy profundas y muy graves implicaciones.

Sin embargo, y en contraposición con la declaración de Suárez Carrera, según lo publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF) los beneficiarios con predios inscritos en el Directorio de PROAGRO Productivo serán los pequeños productores de hasta cinco hectáreas de temporal y hasta 0.2 hectáreas de riego, y en el caso de los medianos serán los de más de 5 hectáreas y hasta 20 de temporal, y de 0.2 y hasta 5 hectáreas de riego. El cálculo máximo del incentivo se realizará por hectárea o fracción de la superficie elegible del predio, conforme a las cuotas por hectárea siguientes: mil 600 pesos al pequeño productor, y mil pesos por hectárea al mediano productor. ¿Y qué con los demás agricultores, que producen la mayor parte de los granos que el país consume?

Vaya usted a saber a quién, o a quienes se le pudo ocurrir la adopción de medidas tan arriesgadas, y con un potencial lesivo tan elevado. Es fácilmente perceptible la intención proteccionista de las medidas, lo cual coincide con la línea socializante del gobierno de la 4T, situación que en circunstancias diferentes incluso podrían ser aceptables, pero no cuando con ellas se golpea a otro sector, el más importante en cuanto a volumen de produccción, y lo coloca contra la pared, financiera y operativamente hablando.

En un evento público realizado recientemente en Encarnación de Díaz, Jalisco, el presidente López Obrador ratificó su política de apoyo a los productores y su decisión de sostener los precios de garantía a los produtos básicos del campo. Muy bien, se aplaude, pero el entusiasmo se torna congoja cuando uno se entera de que se trata de apoyos selectivos, que sin duda beneficiarán a muchos, pero que dejan fuera a un segmento fundamental en la produccción de alimentos, maíz, trigo, frijo, y arroz, para el consumo de la inmensa mayoría, si no es que todos, los mexicanos.

Por eso insisto a insistiré en que esta crisis desatada recientemente entre los productores de granos de Sonora y Sinaloa, y las autoridades del gobieno federal, no es poca cosa, y debe ser resuelta con prontitud y atingencia por las partes involucradas.

Las noticias más recientes indican que el problema empieza a derivar hacia otras situaciones de alta volatilidad. En Sinaloa, espwecíficamente en la región de Culiacán se perciben indicios de inminehtes invasiones de terrenos. Esto ha activado las sirenas de alarma en aquella entidad, y también en la nuestra. Las evidencias están en los trazos hechos con cal sobre la tierra, y que por experiencia sabemos que no significan nada bueno. Si revisamos la historia -que para esto y muchas otras cosas más resulta muy útil- recordaremos que así han empezado los grandes desastres en el campo mexicano, y pongo como botón de muestra lo que ocurrió en el Valle del Yaqui en tiempos de “El Infatigable” Luis Echecheverría. Una terrible expropiación que dejó terribles secuelas y heridas que aún sangran.

Dado que en el gobierno de la 4T se advierte una evidente y clara tendencia de socializar al país, y dado que la propiedad de los predios agrícolas y ganaderos siempre ha despertado en los gobernantes de corte totalitario la ambición y al ansia de apropiarse de lo que es ajeno, es previsible que estos primeros indicios nos estén advirtiendo de lo podría venir detrás, y no muy lejos. Cuidado, mucho cuidado, y la advertencia no va con el ánimo de crear inquietud y zozobra, sobre todo en los propietarios de este tipo de predios, sino que trato simplemente de presentar una posibilidad que es muy real, de acuerdo con los primeros movimientos que se han presentado y que estamos viendo.

Por otro lado, es conveniete y prudente recordar que las nuevas reglas de operación dadas a conocer por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) contienen diversas medidas que afectan de manera profunda a los productores de granos del campo mexicano, Con una tendencia claramente selectiva y discriminante, los incentivos, apoyos y subsidios beneficiarán a ejidatarios y propietarios de parcelas minúsculas, dejando fuera a los productores a gran escala, que son los que en realidad proveen, cuando menos en parte, el grano para consumo humano y animal que se necesita en el país.

Por considerarlo de alta trascendencia, me voy a permitir reproducir de nueva cuenta el documento que elaboraron los productores del Sur de Sonora, y que contiene las implicaciones de la implementación de los “Lineamientos de Operación de los Incentivos al Ingreso”. Se trata de un documento que consta básicamente de seis puntos, en los cuales sustentan sus argumentos de inconformidad:

El perjuicio sobre los 4.5 millones de jornales generados por las 300 mil hectáreas de trigo y maíz establecidas en el ciclo actual.
La incertidumbre que se genera en las fuentes de financiamiento.
La grave afectación al PIB Estatal, con el consiguiente impacto negativo en el desarrollo económico y social de la región.
El efecto de limitación en la producción de alimentos que iría en contra de la autosuficiencia alimentaria nacional.
La imposibilidad del productor para realizar las inversiones necesarias, con lo que se afectaría la competitividad y la productividad.
El impacto negativo sobre la cadena productiva y los servicios al sector, al generarse una limitada recuperación de las inversiones.
En estos momentos es imposible saber si el Gobierno Federal dará reversa o se mantendrá terco, montado en su macho. Y doy por hecho que los productores, por su parte, igualmente se mantendrán firmes en su posición. Con ambas posiciones claramente establecidas, queda marcado el terreno donde se dirimirán las diferencias entre productores y gobierno. Una pugna en la que los perjudicados principales no serán los agricultores, y mucho menos el gobierno, sino la totalidad del pueblo mexicano, cuya alimentación pende de un hilo sumamente delgado que, de romperse, dinamitará cualquier posibilidad de lograr la anhelada Suficiencia Alimentaria, que seguirá convertida en un sueño de opio, inalcanzable y lejano.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

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