Ignorancia y oportunismo contra los Distritos de Riego

Por Alberto Vizcarra Ozuna

 

            No son pocas las voces que navegando en el barco de la Cuarta Transformación, están muy lejos de representar lo que discursivamente el presidente Andrés Manuel López Obrador ha planteado como sus alcances y propósitos. Dentro de esas disonancias se encuentran algunos jacobinos desorbitados que la circunstancia los favoreció con una posición de gobierno en la actual administración federal y también algunos legisladores federales, que hacen su propia interpretación de la intención presidencial para darle sombra a sus ambiciones. Recientemente algunos de ellos se abrogaron la facultad de decir e implicar que desaparecerán los Distritos de Riego, porque el manejo y distribución del vital líquido es un bien de la nación y debe ser transparentado.

 

            Alejados de toda mesura, los dichos se los imputan al presidente López Obrador, y dan por un hecho que sus intenciones ladinas son las mismas que las del presidente. Afirman que con la presunta desaparición de los Distritos de Riego el ejecutivo federal estaría haciendo cumplir la Constitución Mexicana. En sus atropelladas declaraciones, primero proponen desaparecer los Distritos de Riego y luego democratizarlos.

 

            Hay que abonarle un poco a la claridad y a la calma, cuando los espanta- pájaros se agitan por el viento. Las  Sociedades de Responsabilidad Limitada, estructuras administrativas y jurídicas creadas bajo iniciativa de decreto desde inicios de 1989, con el propósito de transferirles a los productores rurales la responsabilidad en el manejo del agua y el mantenimiento de la infraestructura hidroagrícola, no tiene ni por asomo algún ingrediente relacionado con la privatización del recurso, puesto que la federación por medio de las autoridades responsables no pierde ninguna de sus facultades constitucionales para que se haga valer el principio de que el agua es propiedad de la nación.

 

            Confundir una concesión administrativa, que además estipula uso y destino del bien que se concesiona -en este caso el agua para la noble tarea de producir alimentos- es un desatino equiparable a no encontrar la diferencia entre una puerta y una ventana. Quienes sueltan la especie de que desaparecerán los Distritos de Riego, aunque se presuman como magos no lo son. Se quisieron referir a la desaparición de las estructuras administrativas creadas para la autogestión en el manejo del agua por parte de los productores rurales.

 

Debería de ser evidente que en el frenesí de los recortes presupuestales, en lo que menos están pensando las autoridades hacendarias y el Presidente, es en reincorporar obligaciones presupuestales restableciendo una plantilla burocrática de miles de gentes y asignación de recursos para el mantenimiento de la infraestructura hidroagrícola de cerca de tres millones de hectáreas operadas en  86 Distritos de Riego en el país, menos cuando los ingresos federales están registrando una notable caída y se advierte un crecimiento económico que no alcanzará ni el mediocre dos por ciento que ha condenado al país por los últimos treinta años.

 

La ambición no tiene nada que ver con resolver ningún problema, sino con la fantasía de que podrían, envueltos en el manto de la lucha contra la corrupción, imponerle a los productores una estructura burocrática que les administre sus propios recursos aportados para el pago del agua y para el mantenimiento de la infraestructura hidroagrícola en las zonas de riego del país. La lógica de que al amparo de la refundación nacional, se vale todo, incluso la toma de instancias jurídicamente constituidas y funcionales, como si fueran botín de la victoria electoral.

 

Transferir el manejo del agua de riego, el mantenimiento de la infraestructura hídrica, su mejoramiento y ampliación, a los productores rurales, esto es ejidatarios, colonos y pequeños propietarios, fue una medida administrativa con la que el gobierno federal se quitó una carga presupuestal de miles de millones de pesos. La consecuencia fue de una mayor madurez de los productores, un manejo más eficiente del agua y en algunas regiones del país, como en el Valle del Yaqui, mejoras tecnológicas de primer mundo.

 

En el tema del agua, hay causas de mayor trascendencia y mucho más edificantes, que la rapiña por los presupuestos disponibles. Que el gran momento histórico auspiciado por el impulso transformador, evoque discusiones de mayor alcance y profundidad, como el relacionado con el imperativo estratégico de luchar por una política de gestión de más agua con la desalación de agua de mar y los grandes proyectos de infraestructura hidráulica que fueron cancelados por la era oscura del neoliberalismo económico.

 

Ciudad Obregón, Sonora, 4 de abril de 2019

 

Comentarios

Comenta ésta nota

Su correo no será publicado, son obligatorios los campos marcados con: *