La edad y la experiencia



Es algo bastante común que las personas septuagenarias, y desde luego también las octogenarias y hasta las nonagenarias, lleguemos a pensar que lo hemos visto todo, que lo hemos sufrido todo, que en nuestros muchos años de vida hemos experimentado de todo. Esto es relativamente correcto, y solamente de manera parcial. Siempre habrá situaciones nuevas, situaciones diferentes, sucesos y eventos sorprendentes y sorpresivos, y experiencias inéditas nunca antes vividas. El mundo actual es en sí mismo una intrincada maraña en la que, aunque todo de alguna manera está relacionado, pase donde pase e involucre a quien involucre, a nosotros como personas anónimas nos puede tomar por sorpresa, y movernos feamente el tapete, como se dice coloquialmente. Eso, como quiera que usted me la ponga, no es para nada tranquilizador y agradable.

Me preocupa, y me preocupa mucho, lo que estoy viendo y lo que estamos viviendo, como comunidad regional, como comunidad nacional, y como comunidad mundial. Estoy seguro de que mucha gente comparte mis preocupaciones, y estoy seguro porque constantemente lo estoy escuchando decir a personas de todos los perfiles, en cualquier sitiodonde se reúnen las familias, y los grupos de amigos. A veces son unas situaciones y fenómenos los que se comentan, a veces son otros, a veces se comentan en una forma y a veces en otra, pero siempre predomina la alarma, la preocupación, la incertidumbre y el no saber bien a bien qué hacer y cómo reaccionar, las más de las veces porque ni siquiera sabemos cómo surgió el problema, y de dónde proviene.

Unos porque comprenden lo que está pasando, y otros porque no tienen ni idea, pero que sienten los efectos de diversa manera, los mexicanos captamos que las cosas distan mucho de andar bien, y dese luego mucho peor de como nos las están pintando desde las oscuras profundidades de la nefasta Cuarta Transformación, que poco a poco se fue reduciendo a un número y una letra (4T), para no perder mucho tiempo al teclearla o pronunciarla.

Aunque a todas luces es un error, el señor Omnipotente sigue terco en su estrategia de presentarse todos los días, de lunes a viernes, ante quienes tienen el estómago suficientemente fuerte como para aguantar sus inconexas y disparatadas peroratas matutinas. Y luego, los sábados y los domingos, su presencia en cualquier rincón del país para presentar alguno de esos programas de corte populista/clientelar mediante los cuales se amplia la estrategia de mantener sujeta por el cuello a la masa dócil y dispuesta que acude a recibir las dádivas que, sin saberlo, forman los eslabones de la cadena con que los mantendrán sometidos de por vida.

Para cualquiera que tenga dos dedos de frente resulta evidente que esa no puede ser una forma aceptable de gobernar a un país que, desde antes de la llegada del presidente López, ya daba señales de inestabilidad estructural, y estaba al borde de convertirse en escombros.Paralelamente y del mismo modo, los integrantes del abigarrado y desnivelado gabinetepresidencial demuestran cada día y a todas horas, sus profundas limitaciones y zonas de ignorancia, con lo cual el panorama se torna más oscuro y hace que los temores de una debacle se vuelvan más y más grandes y ominosos.

Por otra parte, los desajustes y desacuerdos entre el presidente López y algunos de sus principales funcionarios son cada vez más frecuentes, claros y preocupantes. Lo mismo es con el secretario de hacienda que con el de comunicaciones y transportes, y si no hace colisión con los demás, es porque son unos perfectísimos “yes man” o “yes woman”, o de plano no atan ni desatan, y no abren el pico ni para decir pío. Dígame usted entonces si ante estas condiciones tan poco prometedoras no hay motivos suficientes para estar alarmados, preocupados, tristes y francamente al borde de un colapso nervioso.

No se necesita tener setenta, ochenta, noventa, o rebasar el centenar deaños de edad, con la montaña de experiencias y vivencias que traen consigo, para saber que así nomás no se puede.

Pero si bien en un principio yo hablaba del estado de preocupación y de alarma en que me encuentro, al ver el rumbo que le están marcando al país las fuerzas políticas que lo mueven, debo decir que a un lado de los sentimientos mencionados está una profunda tristeza. Y me siento profundamente triste porque veo que los mexicanos, aún ante esta situación que nos amenaza a todos por igual, muy ricos, medianamente ricos, medianamente pobres y pobres de a tiro, no somos capaces de hacer a un lado nuestras diferencias para unirnos en contra de los desplantes autoritarios, las estrategias perversas y los decretos tiránicos de quien concentra en forma total y absoluta todo el poder en nuestra nación.

A poco menos de cinco meses de haberse ceñido la banda presidencial, López Obrador ya ha colonizado y sojuzgado a las principales instituciones que tan penosamente habíamos ido construyendo para fortalecer y consolidar nuestra enclenque democracia. Y paralelamente, también se ha hecho del control de los otros dos poderes constitucionales que supuestamente existen para ser contrapesos del Poder Ejecutivo que ostenta por mandato popular. Y, sorprendentemente, no lo ha hecho en horas de la madrugada y al amparo de la oscuridad, como operan los asaltantes y los ladrones, sino a plena luz del sol, sin que nadie diga nada, ni haga nada para impedirlo. Y eso, estimado lector, es o debería ser suficiente para ponerle la piel chinita y provocarle escalofríos aún al mexicano más valiente y más temerario.

Las estrategias para mantener desunidas a las clases sociales del país han tenido un éxito abrumador, y seguirán siendo utilizadas con mayor fuerza y empeño conforme transcurran los años que le restan al presente sexenio. El presidente omnipotente sabe perfectamente que la única fuerza que puede derribarlo del trono en que lo colocaron los inconscientes que votaron por él, es la unificación de los sectores sociales. Y eso no lo puede permitir. Eso no lo va a permitir.

Para ello son las huelgas, para ello son la eliminación de los programas de apoyo a los sectores productivos para entregarle esos recursos a las masas delirantes y totalmente domesticadas, y para eso son los movimientos para enfrentar a unos mexicanos contra otros, a pobres contra ricos, a jóvenes contra viejos, a los de una religión contra los de otra, a los prietos contra los güeros y a los chaparros contra los altos. A río revuelto, ganancia de pescadores. Y esa es la tónica y esa es la regla.

Y por eso me entristece tanto y tan profundamente que, estando tan clara la situación como está, no haya forma de echar a andar los mecanismos que permitan y favorezcan la vertebración social, que en este caso es de vida o muerte para el pueblo de México. Que no tengamos líderes limpios y con ideales que encabecen las luchas que se deberán emprender, si queremos recuperar lo que se nos está arrebatando en forma impune, y con absoluta y total premeditación, alevosía y ventaja.Y que no tengamos un pueblo capaz de luchar en forma coordinada, con una sola voluntad y un solo propósito: impedir que los perversos se salgan con la suya.

Por eso el mensaje de enfrentamiento que diariamente lanza el presidente a los cuatro vientos, y que la masa irresponsable acepta como un dogma de fe. Y por eso las absurdas acciones de comprar con dinero bueno la voluntad de los empobrecidos, para que le sirva como barricada y dique de contención contra los embates de los mexicanos que no queremos ser despojados de lo que legítimamente nos pertenece, por herencia de los hombres y mujeres que, al sacrificar sus vidas y derramar su sangre, nos dieron esta patria que tenemos y que nos quieren trasformar en una sucursal del infierno… si lo permitimos.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

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