Ley Charlie, iniciativa pétrea (I)


Por: Marco Antonio Andrade Aguirre

[email protected]

 

Sonora ha sido históricamente líder nacional en producción minera, pero no así en beneficios económicos, ni sociales, mucho menos. La realidad es que poco se ha sabido valorar, por los gobiernos estatales y el sector empresarial, la importancia que representa la infinita riqueza de los recursos minerales del subsuelo sonorense.

Bajo esa premisa, es incuestionable que no hemos capitalizado ni aprovechado como palanca de desarrollo alternativo a las actividades económicas tradicionales, como la agricultura y la ganadería, la explotación y la industrialización de la amplísima diversidad de metales como el cobre, oro y plata, entre otros. En cambio, los extranjeros si lo han hecho y muy bien.

Desde William Cornel Green, descubridor de la Mina y fundador de Cananea a finales del siglo XIX, la inversión y explotación minera ha sido predominante de empresas extranjeras. Actualmente existen 26,500 concesiones mineras de las cuales 74% pertenecen a grupos empresariales canadienses, 15% a norteamericanos y el resto a mexicanos y otros.

Una de las razones de dicho predominio obedece, aparte de la generosa cantidad y calidad de los yacimientos mineros locales, a las ventajas fiscales que representa operar unidades mineras con costos presupuestales y pago de mano de obra muy por debajo de sus países de origen. La Ley del ISR les permite deducir el 77% de la inversión efectuada en forma inmediata, así como recuperar el 100% del IVA ya que la industria minera tiene tasa 0 en IVA.

Por su parte, los gastos de inversión y el pago de nomina de trabajadores, aunado a la simplificación de requisitos legales elementales, incluyendo los costos simbólicos de las concesiones y al irrisorio valor por hectárea de los lotes mineros, son increíblemente ínfimos. Es más caro un kilo de queso que el costo anual de una hectárea para extraer oro ó cobre.

En efecto, las empresas mineras pagan, conforme a la ley federal de derechos, $6.70 a 20.90 pesos semestrales por hectárea entre el primer y el quinto año de la concesión y $148 pesos después del decimo año (sic). Aunque usted no lo crea.

Además, la vigencia de una concesión minera se otorga por 50 años, prorrogable por otro plazo igual adicional (sic), misma que es técnicamente imposible de cancelar puesto que en la ley minera no existen causales expresas, ni implícitas, ni medianamente razonables para ello, aunque contaminen a raudales como sucedió en agosto del 2014 en el Rio Sonora ó provoquen verdaderas tragedias humanas como en Pasta de Conchos en febrero del 2006.

Adicionalmente, los corporativos extranjeros tienen libertad para exportar y comercializar sus productos con pagos mínimos al fisco. No existe un sistema de control de los volúmenes de producción real obtenidos. El oro y la plata vuelan de méxico sin tocar baranda.

Los informes anuales de producción para el pago de impuestos ó del PTU (pago de utilidades a los trabajadores) es de suponerse se cumplen bajo esquemas de amplia discrecionalidad ó mínima veracidad puesto que para ello se recurre a la contratación de empresas Outsourcing, mismas que no únicamente les permiten evadir responsabilidades fiscales, sino principalmente, obligaciones salariales, de seguridad social, indemnización laboral y sindicales, desde luego.

Sin embargo, la cereza del pastel de la evasión fiscal extranjera fue legalizada por el entonces Presidente Felipe Calderón a quien el Congreso le aprobó una iniciativa que modifico los artículos 4 y 5 de la Ley del Impuesto Sobre la Renta para que los impuestos de las empresas mineras extranjeras pagados en sus respectivos países sean reconocidos y tengan también validez en méxico (sic), cuyo acuerdo revela un nivel de complicidades políticas insólitas en perjuicio de las finanzas y del desarrollo económico del país, sin duda alguna.

México se convirtió así es un oasis minero y un paraíso fiscal para las empresas extranjeras.

Mismas a quienes adicionalmente entregó, junto con Vicente Fox, 28 millones de hectáreas para explotación minera. Revivió el espíritu de López de Santa Ana, nuestro mejor vendedor del territorio nacional. Aunque Felipe fue más sutil; rento el país por todo el siglo XXI.

Salud.

Comentarios

Comenta ésta nota

Su correo no será publicado, son obligatorios los campos marcados con: *