Mi renuncia a El Imparcial


El tiempo corre y se va muy de prisa. La vida es como un río que corre a veces caudaloso, a veces manso. Los años se van y nos dejan siempre experiencias y enseñanzas, alegrías y tristezas, triunfos y derrotas. Hoy les ofrezco el testimonio escrito de un episodio que cerró mis primeros 25 años, dentro los 36 que llevo desarrollando mi actividad de periodista. Diez años hace que tomé la decisión de renunciar a El Imparcial, una decisión de la que jamás me he arrepentido, y que ha probado ser acertada, a la luz de lo que ha ocurrido en ese periódico, y los hechos y situaciones que se han dado a lo largo de los años.

Aquí tiene usted el documento (del que conservo copia con firma y sello de recibido), en el que le explico los motivos de mi renuncia a Juan Fernando Healy Loera, en aquel entonces Director General de Periódicos Healy.

Hermosillo, Son. 13 de mayo de 2009

 

?Juan Fernando:

 

Deliberadamente dejé pasar un poco de tiempo antes de dirigirte este escrito mediante el cual te informo mi renuncia irrevocable al espacio periodístico que ocupé durante los últimos 25 años en las páginas de El Imparcial. 25 años de cumplir con la misión de ofrecer a los lectores de El Imparcial mis análisis sobre una diversidad de temas, siempre fiel a mi criterio y forma de ser.

 

No voy a pedirte que publiques mi renuncia, porque de antemano sé que no lo harás, dado que contiene una serie de comentarios y conceptos que te son desfavorables, aunque deberías hacerlo, para que tanto los lectores que me repudian como los que me aceptan, conozcan los motivos de mi renuncia de primera mano. 

 

En mis escritos para El Imparcial no siempre estuve acertado -¿Quién puede presumir de ello en la vida, y menos aún en una actividad tan polémica como el periodismo?- pero siempre, creo yo, fueron más los aciertos que los yerros, y cuando éstos ocurrieron jamás se debieron a la malicia o a la mala fe. Y además, siempre traté de corregir cualquier injusticia que pudiera haber cometido en mi trabajo periodístico.

 

La verdad es que desde tu llegada a la Presidencia del grupo editorial, las cosas empezaron a ir de mal en peor. Y no solo para mí en lo personal, sino en general para un periódico al que tu abuelo don José Santiago, tu padre José Alberto y tu hermano José Santiago entregaron su vida con alegría y convicción. Ni modo, la madera se tiene o no se tiene. Y la verdad, aunque te duela, tú no tienes la madera para el periodismo, y quizá (si nos atenemos a los resultados), tampoco para la administración. Ellos sí fueron verdaderos líderes de pies a cabeza en el campo del periodismo, y tú no lo eres.

 

La mejor prueba del derrumbe que El Imparcial viene experimentando tanto en sus resultados como negocio, como en su influencia como medio formador de opinión está en su menguante circulación. Claro que enfrentar esta realidad con valentía y decisión requiere de muchos “productos de ave” y no parece que ni tu ni tu consejo editorial dispongan de ellos. Porque si ordenaran un estudio de opinión y posicionamiento serio, como antaño se hacía, se evidenciarían las causas de la gran crisis por la que atraviesa El Imparcial, no solo en el renglón financiero y comercial, sino en lo que respecta a la línea editorial que, la verdad, es deplorable.

 

Hace ¿cuántos años? No sé, pero son muchos, que El Imparcial dejó de encabezar las luchas del auténtico pueblo de Hermosillo: No más campañas contra el aborto, o contra la pena de muerte, o contra la proliferación de las actividades nocivas para nuestra gente. En tiempos pasados la nota roja era material que no se publicaba. Hoy casi a diario los encabezados de primera plana no hablan más que de violencia, asesinatos y narcotráfico, el tema de moda. Será porque le dan más importancia a este tipo de basura que al periodismo serio, de análisis y profundidad, la sustancia de periodismo de altura que construye y fortalece, y que constituye el objetivo de los periódicos de calidad. El Imparcial tomo el camino de los pasquines mediocres que explotan la nota barata y espectacular por unos pesos, abandonando su vocación y misión de era la de formar opinión.

 

Sí, hace mucho que El Imparcial dejó de desarrollar ese tipo de periodismo, limpio, enérgico, crítico, siempre del lado de la gente.

 

?Las simpatías y las preferencias políticas de tu familia comenzaron a dominar el actuar de la empresa que, por principio elemental, debía haber sido protegida y conservada libre de favoritismos y agendas, aún las de sus dueños. Ahí se perdió irremisiblemente el principal activo del periódico, el que sustentaba su prestigio ante la sociedad y que se desplegaba a forma de título cuando el lector lo abría cada mañana: Imparcialidad.

 

Y desde entonces, La línea editorial de tu periódico viene dando tumbos, lo cual es reflejo de los intereses mediatos que lo mueven, aunado a las graves deficiencias que se perciben en su dirección. Recuerdo que en una ocasión Jorge Morales -tu antepenúltimo sub-director editorial- con motivo de un artículo que escribí acerca de la desaparición de Alfredo, y en cual expresaba yo la parte de responsabilidad que le corresponde a El Imparcial en los hechos que ocurrieron, me llamó para decirme que esos comentarios no serían publicados por no ser aceptables para el periódico… ¿para el periódico, o para la familia Healy? Y, obviamente el artículo fue editado, después de una agria discusión que tuve con Morales.

 

La cadena de agravios que he recibido de tu periódico ha sido larga y pesada. Un empujón por aquí, un desprecio por allá: Se me redujeron primero mis colaboraciones editoriales semanales de tres a una. Luego redujeron los honorarios por mi trabajo. Luego me sacaste de la Página Editorial para enviarme a las páginas interiores. Más tarde -ya siendo Raúl Ruiz sub-director editorial- de plano dejaron de remunerar mis colaboraciones. Y finalmente tenemos la censura, la más terrible arma que existe en los medios de comunicación.

 

¿Cómo es posible -pregunto- que un periódico que se pregona como defensor a ultranza de la libertad de expresión, y que acude a cuanto foro internacional existe envuelto en la bandera de la defensa de los derechos humanos, dentro del cual la libertad de expresión refulge como una joya, en la práctica -que es donde se pone a prueba la congruencia y la firmeza de los principios e ideales- aplica  una censura a ultranza  hacia  aquellos que colaboran en sus páginas en forma externa?

 

Por supuesto que tú tendrás tus argumentos y excusas para todas estas decisiones; yo no puedo menos que percibir en ellas una evidente actitud de desdén para conmigo. Sé que te molestó mucho que aceptara la invitación del Gobernador Eduardo Bours Castelo como asesor suyo en materia de obra pública. No tengo nada de qué avergonzarme, tratándose de un trabajo netamente profesional que he tratado de cumplir de la mejor manera dentro de mis posibilidades. En una actitud arrogante y radical, tú lo tomaste casi como una ofensa personal, y no dejaste de hacérmelo notar en diversas ocasiones.

 

?Pues bien, ha llegado la hora de dar por terminadas mis relaciones profesionales contigo y tu periódico. Ciertamente no es ésta la forma como yo había imaginado que algún día me iría, en aquellos días de vino y rosas de “Columna Huésped” y luego de “Contracorriente”… hasta que llegaste tú y todo cambió. Pero el hombre propone y los poderosos disponen… aún.

 

Hacia tu padre José Alberto y José Santiago tu hermano, dondequiera que esté, no tengo más que agradecimiento, afecto y reconocimiento por el tipo de periodismo que siempre hicieron, y que durante muchos años le mereció a El Imparcial el honor de ser conocido como “el periódico de Hermosillo”.

 

?Hoy ha dejado de serlo, aunque tu área de relaciones públicas insista en pregonarlo así. Para ser el periódico de una comunidad como la de Hermosillo se necesita identificarse con ella, tomar en las manos sus luchas, sus anhelos, sus aspiraciones, y llevarlas siempre en alto hasta las últimas consecuencias.

 

?Si no eres capaz de entender esto -lo cual dudo- el destino de El Imparcial -mi querido Imparcial- está irremediablemente sellado.

 

Atentamente,

 

Oscar Romo Salazar

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