Política y humor, humor y política



¿Qué sería de nosotros, los mexicanos, si careciéramos de sentido del humor?

Con frecuencia me pregunto qué sería de nosotros los mexicanos, si el Señor no nos hubiera bendecido con ese sentido del humor que nos distingue de otros pueblos que tienen problemas similares a los nuestros, pero que no saben reírse de sus desgracias e infortunios.

En efecto, nosotros los mexicanos somos capaces de reírnos de todo y de todos, incluso de nosotros mismos. Tanto de la muerte como de la vida, de los males y de los bienes. El ingenio del mexicano aflora a cada paso,y lo mismo nos burlamos de la miseria que de la riqueza, de la tristeza que de la alegría, de los políticos y de los líderes, de la carestía, de la ruina, de los resultados electorales, de los chanchullos, de la mordida y de las derrotas de la selección nacional de fútbol, de las promesasfallidas y de las declaraciones estúpidas de los gobernantes y los funcionarios descerebrados.

De todo somos capaces de sacar un buen chiste y una buena “charra”. Bendito sea nuestro humor que, aunque con frecuencia cae dentro de lo que se conoce como humor negro, nos permite responder y hacer frente a cualquier situación que se nos presenta, por difícil o complicada que ésta sea. La risa es al alma mexicana, lo que el viejo Iodex a las dolencias.

México es famoso por su ubérrima producción de cómicos y humoristas (que no son sinónimos). En la larga lista tenemos, por poner algunos ejemplos, a Joaquín Pardavé, Fernando Soto “Mantequilla”, Armando Soto “El Chicote”, “Los Polivoces” (Manzano y Cuenca), Manolín y Shilinsky, Adalberto Martínez “Resortes”, Roberto Gómez “Chapulín Colorado”, Alejando Suárez, Héctor Suárez, Germán Valdez “Tin-Tan”, Lechuga y Salinas

Hace tiempo, cuando todavía existían y funcionaban las carpas de barrio y las caravanas artísticas itinerantes que viajaban de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, era inevitable encontrar en sus elencos a aquellos insuperables cómicos albureros que hacían de la pulla política y del albur picaresco un verdadero arte. La Carpa Belmont, la Caravana Artística Corona y otras por estilo nunca dejaban de traer entre sus artistas uno o dos cómicos. Representaban la sal de sus elencos.Recordemos a algunos de los que hicieron más fama, como Palillo, Harapos, Borolas, Jasso,. Algunos hicieron posteriormente carrera en el cine. Entre ellos hubo quienes prácticamente vivían con el amparo en el bolsillo trasero de los pantalones (como el inolvidable Palillo) ya que sus críticas humorísticas con mucha frecuencia levantaban ampolla en la siempre sensible piel de los políticos y autoridades de aquella época.

De carpas como ésas surgieron gigantes del humor como Mario Moreno“Cantinflas”, Manuel Medel, Germán Valdez “Tin-Tan”, Antonio Espìno “Clavillazo” y Adalberto Martínez “Resortes” por mencionar a un quinteto de los más notables. En la ciudad de México de los 40s y 50s fueron famosos los teatros de revista como el Lírico, el Folies, el Lido, el Tívoli y el Blanquita. En sus escenarios, el ingenio y el humor se utilizaban como válvulas de escape para las tribulaciones y dolores de un pueblo eternamente sufriente, pero eternamente pachanguero.

Entre los políticos y gobernantes que hemos padecido en México ha habido de todo, como en las viejas boticas: Presidentes de comportamiento serio y formal, como Cárdenas, Ruiz Cortínes, Diaz Ordaz, y uno que otro por el estilo; hasta presidentes que se han manejado en los límites entre la bufonería y la frivolidad, como López Portillo, Vicente Fox y Enrique Peña Nieto. El pueblo mexicano, con ese sentido del humor que le es característico, ha hecho un hazmerreír de todos y cada uno ellos, mientras que al mismo tiempo sufría silenciosa y abnegadamente los efectos perniciosos y crueles de sus diferentes estilos de gobernar.

Pero nunca, en ningún momento de la historia de este país, habíamos tenido algún presidente parecido al que tenemos en este  momento. Se dice que este individuo estuvo estudiando durante dos décadas la idiosincrasia particular que en términos generales nos distingue a los mexicanos. Y convencido de que su retorcido diagnóstico era correcto, llegado el momento de su entronización como soberano de la nación, adoptó la personalidad de un cómico que reuniera las características combinadas de los principales cómicos que, a lo largo de los años, han divertido al pueblo mexicano con sus gracejadas.

Y para que sus dotes humorísticas pudieran lucir en todo su esplendor, mandó crear una carpa dentro de Palacio Nacional, en la cual presenta diariamente sus funciones al estilo de los exitosos “stand-up comedians” norteamericanos, que hacen sus shows individuales en los teatros y centros nocturnos. Cinco días de cada semana se presenta ante su público para hacer sus payasadas y decir sus ocurrencias humorísticas, con la diferencia con los cómicos de antaño, de que ahora cuenta con los medios de comunicación y las tecnologías de difusión más modernas para llegar a la mayor parte de los rincones del país. De esta manera, México se convirtió, a partir del 1º de diciembre de 2018, en la carpa más grande del planeta Tierra.

El tiempo dirá hasta qué punto estuvo acertado el diagnóstico del señor López, al decidir que al pueblo mexicano se le puede mantener dócil y sometido a base de gracejadas, frivolidades, ocurrencias, dádivas y becas con las que sin duda puede engañar a muchos incautos, pero que ni de lejos resuelven ningún problema de fondo.

En México han cambiado muchas cosas con el correr de los años, mientras que otras siguen igual o han empeorado. En lo que respecta a la farándula, pocos ídolos auténticos quedan en los escenarios, los auténticos han ido desapareciendo y han sido sustituidos por otros que se antojan de plástico o de cartón. De aquellas figuras que arrebataban multitudes no queda una sola, y solo permanece un mortecino recuerdo. La política en México se ha convertido en un hediondo burdel y, aunque a usted le parezca imposible, dentro de ella los gobernantes se han ido acorrientando cada vez más, y es difícil encontrar uno que supere la mínima prueba de calidad. La clase política mexicana se distingue hoy en día por su nula integridad moral, y una absoluta ausencia de principios éticos… aparte de su estulticia, claro está.

Ya no quedan cómicos de aquellos, y los que hoy en día intentan hacer sonreír al público tienen que valerse de la majadería y de los chistes ofensivos y de mal gusto, de la corrientada y la chabacanería. Ya no existen aquellas extraordinarias válvulas de escape de los años de oro,que arrancaban carretadas de carcajadas de los públicos ávidos de divertirse. Tampoco quedan políticos de aquellos, que hicieron esfuerzos verdaderos por resolver los probemas del país y por mejorar las condiciones de vida de los mexicanos, porque los hubo, aunque usted lo dude.

Sin embargo, aunque el mexicano de hoy hemos perdido casi por completo la capacidad de creer, conservamos prácticamente intacta nuestra capacidad de reír. Quizá se trate hoy de una risa un poco más forzada o menos espontánea que la de antaño, en virtud de la fuerza y frecuencia de los golpes que hemos recibido, pero al fin y al cabo es risa, y la risa es todavía un excelente alimento del alma.

Dios nos guarde del día en que perdamos ese maravilloso sentido del humor que nos fue dado como compensación por tantas cosas que se nos niegan. Quién sabe hasta qué punto será preferible seguir siendo un pueblo del tercer mundo, miserable y amolado por todos lados, pero con sentido del humor; a ser uno rico y de primer mundo, pero sombrío, amenazado por la obliteración, y que ha olvidado reír… Usted dirá.

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