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+ Las inundaciones, sus efectos y la ausencia del Atlas de Riesgos; la tormenta sobre Taddei

Agustín Rodríguez L.

GUAYMAS, Son. – Solo la prevención reduce efectos de fenómenos climáticos, pues es imposible controlar a la naturaleza.

En México, el mantenimiento a la infraestructura es inusual. Se espera el máximo deterioro o, de plano, la destrucción, a lo cual mucho contribuye el clima.

Tras las lluvias del fin de semana hay interrogantes sobre nuestra preparación para esos eventos y nuestra cultura de la prevención, que debe plasmarse en el Atlas de Riesgos del Municipio, pero no existe. Al menos no actualizado, y quedamos a merced de la naturaleza si reclama sus espacios.

Es el documento de consulta oficial de cuya gestión deben realizar la Coordinación Municipal de Protección Civil y la Secretaría del Ayuntamiento. Identifica, analiza y delimita peligros naturales, pero también los generados por el hombre.

El municipio debe tenerlo y publicar actualizaciones añadidas a documentales e historiales de archivos mediante el Portal de Transparencia y establecer enlaces con la plataforma del Centro Nacional de Prevención de Desastres, donde se amplían datos sobre fenómenos recurrentes en nuestra costa y lo vulnerables que somos.

También contempla fenómenos químicos, tecnológicos y otros afines a la actividad portuaria, industrial o transporte de hidrocarburos y sustancias químicas. También somos zona sísmica.

Pero nuestro Atlas de Riesgos no se actualiza. El ultimo más o menos terminado es de 2018 y después (hasta 2022) solo emitieron normas “cumplidas” o nuevos formatos, no el estudio de cartografía de riesgos y los polígonos de peligro.

El problema no es local. Casi todos los municipios en México carecen del Atlas o no lo tienen actualizado, lo cual limita la planeación al crecer la mancha urbana o al presentarse, como ya sucede, cambios en los patrones climáticos.

No hay registro oficial o listado sobre nuevos fraccionamientos habitacionales autorizados recientemente y eso contraviene reglas para zonas de alta vulnerabilidad por inundación o cauces.

Hace tiempo Guaymas mira preocupado la proliferación de permisos de uso de suelo en zonas costeras o cercanas a cuerpos de agua. Se especula que la afectación por lluvias deriva de desarrollos autorizados en administraciones pasadas, que obstruyeron escurrimientos naturales o se crearon en zonas bajas y planicies de inundación.

No explican los responsables de explicarlo, si hubo dictámenes de Semarnat o permisos de la Dirección de Desarrollo Urbano; o la indispensable Manifestación de Impacto Ambiental y estudios de factibilidad hidrológica, que previeron la seguridad de los futuros habitantes.

Acudir a la información oficial confirma que los instrumentos locales de planeación, como el Atlas de Riesgos y el Programa de Ordenamiento Territorial, tiene rezagos.

Y en este momento continúa la invasión y bloqueo de arroyos, en franca violación a toda regla de protección civil, planeación urbana y gestión de riesgos por lluvias. Un ejemplo es el arroyo de la colonia 19 de Marzo (Petrolera), cuyo cauce se adelgaza y ni inspectores de obras o funcionarios responsables de proyectar el desarrollo parecen interesados en imponer la ley, pese a que serán responsables de lo que, por eso, suceda en el futuro.

Eso limita la capacidad de reacción institucional, el diseño de infraestructura hidráulica preventiva y tomar decisiones frente a eventos meteorológicos como la lluvia y sus escurrimientos, que nos exponen a graves efectos como los que hoy se reflejan en la ciudad.

Debe agregarse el Efecto Pleamar visto en áreas urbanas donde el fenómeno de marea alta bloquea la salida natural del agua pluvial, generando inundaciones por reflujo como se ha visto en vialidades principales y zona comercial del puerto.

Protección Civil debe seguir las recomendaciones de expertos: actualizar el Atlas de Riesgos (apoyados en instancias federales como CENAPRED y estatales como Protección Civil), y fortalecer mecanismos de supervisión al expedir licencias de uso de suelo y construcción en zonas de influencia de arroyos y planicie.

Sin eso, se opera a ciegas frente al peligro. Debe actuarse cuando la gente se establezca en zonas de inundación y, más aún, cuando se expidan permisos para desarrollos inmobiliarios de opaco control actual. Exponer a la población requiere sanciones contra responsables de esa negligencia institucional.

Diseñar obras de mitigación e infraestructura pluvial sería secuencia la premisa fundamental, que es detener y reubicar preventivamente los asentamientos humanos que invaden cauces federales y zonas de alto riesgo.

LA TORMENTA SOBRE TADDEI

“Reunión en llamas”, titula el columnista Roberto Rock, a la sostenida por la presidenta Sheinbaum con la todavía titular del Instituto Nacional Electoral, Guadalupe Taddei, para pedirle cancelar contratos millonarios con un “cartel de proveedores” alentado por la propia funcionaria.

Luego, renunciar. Pero tal idea ni siquiera había pasado por la mente de la dama sonorense que hoy nos avergüenza y no entendió, o no quiso entender, que la presidenta “ya había decidido decapitar a esa mafia” y tal vez enjuiciarla, como sería lo correcto.

Taddei dijo un viernes que no se iría. El sábado aceptó que había problemas. El domingo renunció cuando el mundo se le vino encima y el lunes 26 se retiraba del organismo garante de la democracia mexicana.

Se regresó a Sonora, de donde salió a ocupar ese puesto, y se trasladó a su natal Cananea, se menciona que con fuerte escolta de la policía estatal. Pero siguió hacia el norte y el fin de semana la ubicaron en Arizona. Rock afirma que en Palominas, condado de Cochise; luego fue a Phoenix y tomó un vuelo hacia Europa.

¿Al tan de moda –por ocultar a nuestros políticos corruptos– Madrid?

La presión presidencial sobre Taddei inició a través de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, luego de la consejera jurídica presidencial, Luisa María Alcalde. Le habían dejado claro lo que venía. Taddei se defendió diciendo que su equipo de trabajo le había sido impuesto por las empresas proveedoras, o por morenistas como Adán Augusto López y Ricardo Monreal.

“Que se vayan todos, pero yo me quedo”, insistió en diversos momentos, escribe el columnista.

Entonces comenzó la defenestración, que habría estado a cargo de Mario Delgado, secretario de Educación, y Jesús Valencia, operador que ocupa la Subsecretaría del Bienestar.

Añade Roberto Rock: “varios de los funcionarios que tuvieron la encomienda de Palacio de intervenir en este episodio recibieron llamadas telefónicas del gobernador Alfonso Durazo defendiendo la postura de Taddei, sobre la que no estaba oficialmente enterado”.

El 23 de octubre apretó el sistema: El 24 Taddei aceptó alejarse, pero cambió de opinión y hubo nueva “encerrona”, el domingo, y “se le conminó en forma imperiosa a dimitir”.

“Mañana lunes, ante el Consejo (general del INE)”, cedió ella.

“Hoy, en un comunicado, y mañana se formaliza”, se le emplazó.

La filtración de esta desproporcionada medición de fuerzas la atribuyen a la consejera presidencial Alcalde y a la secretaria Rodríguez. Los medios recibieron datos de encuentros y documentación que vincula a Taddei con grandes proveedores del INE, videos incluidos.

Hoy Taddei mira negros nubarrones, por ello habría optado por convivir con otros funcionarios en el país ibero, mientras una voz influyente, la del vicecoordinador parlamentario Alfonso Ramírez Cuéllar llama a encarcelar a Taddei y cómplices.

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