Memoria musical viajera.

MEMORIA MUSICAL Y SENTIMENTAL VIAJERA.

Brevísimo ensayo.

Héctor Rodríguez Espinoza.

Cuando mire y escuche recorrer, por sus calles, a una familia de músicos de aquella región, viaje con ella a su Memoria y brindele su admiración y una justa cooperación.

I.- Hace unos días, a media mañana, estando trabajando en mi cotidiana navegación en mi PC, escuchaba el vibrato y melodioso sonido, de calidad, de un saxofón contralto, a la vuelta de la esquina de mi hogar. Era música tradicional mexicana (“regional” de dice ahora), La sandunga, Canción mixteca, entre otras. Pensé que algún vecino estaba ensayando y grabando con algún grupo.

Las melodías continuaban acercándose a mi ventana. A los minutos miré que era un solitario instrumentista, caminando muy lenta y pausadamente sobre media calle de norte a sur, de edad y estatura mediana, de piel oscura y vestido de caqui. Recordé a mi inolvidable maestro de la Banda de Música de la Universidad de Sonora, Mayor Isauro Sánchez Pérez, oriundo de Oaxaca y me produjo tantas bellas evocaciones de su pedagogía filarmónica y patriótica. En el cinto de su pantalón portaba un botecito en el que recibía las monedas o billetes que algunos vecinos -no todos- salíamos a agradecer y retribuir su esfuerzo, en soledad, para conectar con nosotros sus tradiciones y seguramente sostener a su familia proveniente de aquella tierra del sol o de la antigua antequera.

II.- ¿Qué significa -y cómo valorar- la música de familias de aquel rincón de la patria, principalmente de la mágica Oaxaca, recorriendo las calles de nuestras ciudades? Me apoyo en la IA: 

“Puede entenderse desde varias dimensiones:

1. Es música que sale de los espacios formales.

No necesita una sala de conciertos, un teatro o una institución cultural. La calle se convierte en escenario y la ciudad en público. Eso le da un carácter espontáneo, comunitario y cercano.

2. Es una tradición familiar.

En muchas comunidades oaxaqueñas, la música se aprende dentro de la familia y de la comunidad, de generación en generación. El niño que acompaña al padre o al abuelo no solamente está aprendiendo notas musicales: está incorporando una tradición, un repertorio y una manera de relacionarse con su comunidad.

3. Oaxaca tiene una particular riqueza musical.

Oaxaca posee una extraordinaria diversidad de bandas de viento, música comunitaria, sones, jarabes y repertorios regionales. En numerosas comunidades, la banda cumple además funciones sociales: fiestas patronales, bodas, funerales, calendas y celebraciones cívicas.

Por eso, cuando una familia de músicos recorre una ciudad, no necesariamente estamos ante músicos callejeros en el sentido convencional. Puede estar manifestándose una tradición comunitaria que tiene raíces mucho más profundas.

4. ¿Cómo valorarla?

Yo propondría no medirla solamente con criterios de música académica —afinación perfecta, virtuosismo, composición original—, sino considerar también:

La tradición: qué repertorio conserva.

La transmisión: cómo pasa de padres a hijos.

La identidad: qué comunidad o región representa.

La función social: qué celebraciones acompaña.

La calidad musical: ejecución, coordinación, expresión y dominio instrumental.

La relación con el público: cómo convierte un espacio cotidiano en un acontecimiento colectivo.

5. Y hay algo especialmente importante.

Cuando esos músicos recorren nuestras calles, la ciudad deja de ser solamente un espacio de tránsito y se convierte momentáneamente en comunidad. Una melodía puede hacer que desconocidos se detengan, escuchen, sonrían, recuerden o conversen.

En ese sentido, el valor de esa música no está únicamente en la música misma, sino en lo que produce entre las personas.”

Ahora, analizarla también desde el punto de vista cultural, antropológico y musical, la IA explicar por qué estas familias suelen desplazarse desde Oaxaca hacia otras ciudades del país:

“Si pensamos específicamente en familias de músicos oaxaqueños que llegan a ciudades como Hermosillo y recorren sus calles tocando, el fenómeno tiene una lectura todavía más interesante.

Oaxaca que viaja.

No se trata solamente de personas que buscan ganarse la vida tocando música. En muchos casos, llevan consigo una pequeña parte de su comunidad de origen: sus instrumentos, sus repertorios, su forma de tocar juntos y una tradición familiar.

La música se convierte así en una especie de equipaje cultural.

Y hay una paradoja muy bonita: Oaxaca es una tierra de comunidades profundamente vinculadas con la música, mientras que Hermosillo —una ciudad con una tradición cultural diferente— se convierte temporalmente en el lugar donde esa tradición oaxaqueña encuentra nuevos oyentes.

¿Qué estamos escuchando realmente?

Cuando escuchamos a una familia tocando en la calle, podemos estar escuchando simultáneamente:

-música + tradición + migración + trabajo + identidad.

-Por eso sería injusto valorar su actuación únicamente preguntando: «¿Tocan como una orquesta profesional?»

La pregunta culturalmente más rica sería:

¿Qué historia familiar y comunitaria está llegando hasta nosotros a través de esa música?

La calle como espacio cultural.

Hay también algo que considero fundamental.

Una familia que toca en una plaza, una calle o frente a un comercio, democratiza el acceso a la música. No hace falta comprar un boleto ni entrar a un recinto cultural. El encuentro ocurre accidentalmente.

Uno iba caminando y, de pronto, Oaxaca aparece en medio de la ciudad.

Ese carácter inesperado tiene un enorme valor cultural.

¿Y cómo deberíamos valorarlos?

Yo utilizaría tres niveles:

Como músicos: apreciar su ejecución, repertorio, ritmo, instrumentación y coordinación.

Como portadores de una tradición: reconocer que detrás de la interpretación puede existir una historia familiar y comunitaria.

Como fenómeno social: entender que su presencia también habla de migración, necesidad económica, adaptación y búsqueda de oportunidades.

Y aquí conviene evitar dos extremos: ni idealizarlos por ser "exóticos", ni menospreciarlos por tocar en la calle.

La mejor valoración consiste en escucharlos como músicos y, al mismo tiempo, entender qué cultura está viajando con ellos.”

III.- Además, pensando en las familias oaxaqueñas que actualmente recorren las calles de Hermosillo, mi IA profundiza en quiénes son, de qué regiones de Oaxaca suelen proceder, qué instrumentos llevan, qué música interpretan y por qué llegan hasta Sonora:

“Busqué específicamente la relación Oaxaca–Hermosillo–música comunitaria, y aparece un dato muy interesante: hay antecedentes documentados de músicos de origen oaxaqueño integrados incluso en bandas de Hermosillo. Un registro académico sobre bandas de Sonora identifica, por ejemplo, a Banda Nobleza y Banda San Andrés como agrupaciones con músicos provenientes de Oaxaca.

Lo que ocurre cuando Oaxaca llega a Hermosillo.

No conviene pensar únicamente en una familia que llega a tocar para obtener unas monedas. Hay un fenómeno cultural más profundo:

Oaxaca no solamente exporta músicos; exporta una forma de hacer comunidad mediante la música.

En Oaxaca la banda tiene una dimensión social extraordinariamente fuerte. La propia Secretaría de Cultura ha documentado cómo las bandas infantiles y juveniles surgen muchas veces por iniciativa de los padres y cómo, particularmente en la Sierra Juárez, existe una tradición musical de enorme importancia social y cultural.

Y esa tradición puede continuar fuera de Oaxaca.

La familia como escuela musical.

Esto es quizá lo más hermoso del fenómeno.

El aprendizaje no necesariamente empieza en un conservatorio. Puede comenzar viendo tocar al padre, al hermano, al tío o al abuelo. El niño aprende observando, escuchando y participando.

Hay ejemplos institucionalmente documentados de bandas oaxaqueñas nacidas precisamente del deseo de los padres de que sus hijos aprendieran música.

Por eso, cuando usted ve una familia completa tocando por las calles, puede estar contemplando una escuela musical familiar que se desplaza de una ciudad a otra.

Y la calle adquiere otro significado.

Esto me parece especialmente importante para Hermosillo.

La ciudad tiene sus propias tradiciones musicales y también una historia de músicos que trabajan directamente en el espacio público. Por ejemplo, los tríos y serenatas forman parte de la historia musical popular de Hermosillo, aunque su presencia ha disminuido con el tiempo.

Además, actualmente existe en la ciudad una tendencia deliberada a llevar la música a las calles: la Fiesta de la Música 2026, por ejemplo, contempla 17 escenarios y más de 380 músicos en distintos espacios del Centro Histórico.

Es decir, la calle de Hermosillo también puede ser un espacio legítimo de cultura, no simplemente el lugar donde alguien toca porque no tiene otro escenario.

Una imagen que resume todo.

Imagine esto: Una familia oaxaqueña camina por una calle de Hermosillo. El padre lleva un instrumento. Los hijos lo acompañan. Comienzan a tocar. La gente que iba de prisa disminuye el paso. Durante unos minutos, una tradición nacida cientos de kilómetros al sur entra en contacto con otra cultura regional: la sonorense. Ahí está, a mi juicio, el verdadero valor.

No estamos solamente escuchando una canción. Estamos presenciando un encuentro entre dos Méxicos.

Y quizá por eso su pregunta inicial —“¿qué significa y cómo valorar esa música?”— es mucho más profunda de lo que parece.

La podemos valorar simultáneamente como música, como trabajo, como tradición familiar, como expresión de identidad y como una forma de migración cultural.

Incluso existe una palabra particularmente apropiada para entenderlo desde Oaxaca: comunalidad. En 2026, al hablar de la Banda Monumental Oaxaqueña integrada por músicos mixtecos, zapotecos, mixes y chinantecos, especialistas del INPI señalaron precisamente la importancia de mantener viva la identidad en contextos urbanos mediante esa dimensión comunitaria.

Y ahí está quizá la clave: cuando una familia oaxaqueña toca en nuestras calles, la música no sólo viaja; también viaja la memoria.”

IV.- CONCLUSIÓN. Cuando mire y escuche recorrer, por sus calles, a una familia de músicos de aquella región de nuestro mestizo y multicultural México, no les ofenda ni les "haga el fuchi", viaje con ella a su Memoria y -no como limosna, ni más pobres ni más ricos- brindele su admiración, su agradecimiento y una justa cooperación. 

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