Bulmaro Pacheco
Domingo 1 de marzo de 2026
Dice Luis Medina Peña en su leído ensayo sobre la “Invención del Sistema Político Mexicano” que el General Porfirio Díaz en su prolongado mandato al frente de la República nunca confió en las listas que le enviaban los gobernadores de los Estados con sus propuestas para integrar el Poder Legislativo Federal (ya restaurado el Senado de la República a partir de 1874) y que él personalmente —con algunos gobernadores consentidos— decidía quiénes representarían a los Estados en ambas cámaras.
Así se dieron casos, por ejemplo, que algún chiapaneco o oaxaqueño de sus conocidos representara a Sonora y Sinaloa en la Cámara de Senadores, o que personas del sureste representaran a Estados del Norte en la Cámara de Diputados.
También en materia de gubernaturas estatales: Un Chihuahuense (Torres) a Sonora) un Tamaulipeco (González) a Guanajuato o Un Chihuahuense (Carlos Pacheco ) a Puebla, entre muchos otros casos.
La Constitución de 1917 —promovida por Carranza con un Constituyente integrado también por personeros de su confianza— trató de corregir esos excesos a través de la inclusión o reforma de algunos artículos de la Constitución que establecieron los requisitos para la elección de diputados y senadores al Congreso de la Unión con un nuevo concepto como requisito: la “residencia efectiva”. También se establecieron los requisitos para la elección de gobernadores de Estados y Territorios (en ese año tanto Quintana Roo como las dos Baja Californias eran territorios).
Con el tiempo y con la evolución de la política se fueron cerrando más los requisitos para los cargos de elección popular, alegando el arraigo y el conocimiento de los aspirantes de las regiones que aspiraban a representar, siendo aún más radicales los requisitos exigidos en las Constituciones locales —para los cargos locales— a juicio de la mayoría de los gobernadores estatales a la hora de promover o vetar candidaturas.
Por eso ahora resulta paradójico que algunos más aturdidos que despistados traten de promover la candidatura del Senador por Nuevo León —de todos nuestros respetos—, Luis Donaldo Colosio Riojas para el gobierno de Sonora en 2027.
Paradójico por varias razones:
Luis Donaldo Colosio Riojas acaba de desempeñar el cargo de Presidente municipal de Monterrey (2021-2024), donde para competir debió acreditar residencia en ese municipio tal y como lo establece la Constitución de ese Estado.
En 2024 fue candidato a Senador de la República y perdió la elección. Entró por la vía de la representación proporcional porque también estaba inscrito en la lista de 32 de MC. Ahí también debió acreditar el requisito de residencia en el Estado de Nuevo León, que señala el artículo 58 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
No se conoce de parte del interesado una declaración pública que nos indique que aspira a gobernar Sonora. Todas las encuestas habidas y por haber hasta ahora lo ubican como aspirante a la gubernatura en su entidad de residencia actual: Nuevo León.
¿A qué aspiran entonces los que promueven la idea de postularlo por Sonora cuando saben que no cumple con los requisitos constitucionales y políticos y que ni siquiera están seguros de que sea esa su intención?
Sería la primera ocasión en que un senador de otra entidad —que no termina todavía su período para el que fue electo— buscara ser candidato a gobernador de otra entidad diferente. Algo no visto en más de 120 años y que nos remontaría a las afirmaciones de Luis Medina y a los tiempos de Don Porfirio.
Mostraría a una entidad sumamente débil en la formación de cuadros políticos, que ni siquiera tiene la capacidad de crear cuadros propios para postularlos como candidatos, viéndose en la necesidad de importarlos al gusto de quién sabrá quién.
Muestra a un partido político —el presunto promotor de la candidatura— a nivel local en un extremo de debilidad que ni siquiera confía en la formación de sus propios cuadros —¿por malas experiencias anteriores? — para postularlos como candidatos y decide buscar en el exterior como si allí se encontraran las respuestas políticas necesarias.
También muestra a una dirigencia política local muy light y sumamente snob, que no proviene de la cultura del esfuerzo sino de la del privilegio (de un partido a otro de elevados cargos administrativos, y de un cargo de elección a otro) y que no se ha atrevido a hacer la más mínima crítica a los gobiernos de la autollamada “Cuarta Transformación”, sino que al contrario, mediante recetas de autoayuda arremete a cada rato contra el partido de sus orígenes y sus aliados temporales como queriendo dar la idea de que por haberse cambiado de un partido a otro, significaría haberse bañado en el Ganges para purificarse políticamente y ya ser diferente, con otra imagen y otros valores (sic) en una disciplina que tiene batallando siglos con la condición humana que no cambia.
Luis Donaldo Colosio Murrieta, el malogrado candidato del PRI a la Presidencia de la República en 1994, merece el mayor de los respetos y que no se lucre con su memoria ni con su nombre.
Se hace necesario que cada 23 de marzo, cuando cada año se le recuerda con honores en todo México —en la fecha de su muerte—, se manifieste congruencia entre la memoria y las acciones políticas de quienes verdaderamente lo valoraron como ser humano, como político y como un referente moral de su partido de origen.
Ha habido otros familiares directos de Luis Donaldo Colosio Murrieta que después de su muerte, buscaron cargos de elección popular y no les fue nada bien. Unos perdieron elecciones, otros perdieron credibilidad y afectaron su imagen.
Porque la opinión pública no ve nada bien que se explote la imagen de los personajes a través de beneficios para sus familiares.
Los hijos de Benito Juárez nunca brillaron en política. Los familiares de Morelos salieron contrarios al interés nacional. Los hijos de Zapata no pasaron de fuente de consulta sobre la biografía de su padre y los hijos de Villa como referencia para las aventuras de su progenitor.
Plutarco Elías Calles aportó un hijo gobernador de Sonora en 1931, Álvaro Obregón Salido aportó otro en 1955. Otros tiempos, otros contextos, otros usos políticos.
Para la elección del 2027, la sociedad y los votantes demandan seriedad y propuestas maduras al nivel de lo que Sonora requiere en estos tiempos y no aventuras ni ocurrencias políticas que desconozcan los avances que con los años se han dado para fortalecer la representación política tanto en lo nacional como en lo local. Mucho que hacer todavía para consolidar los cambios políticos que se han dado en México y en Sonora. Muchos pendientes todavía que atender y mucha civilidad la que se requiere para hacer de la política una disciplina seria y de calidad. No lo olvidemos.
bulmarop@gmail.com