Bulmaro Pacheco.
Formamos parte de una generación a la que le tocó vivir la influencia de la Revolución Cubana en América Latina a partir de 1959.
Entre 1959 y 1985, aquellos fueron tiempos turbulentos en América: golpes de Estado, rebeliones campesinas, guerrilla urbana y rural, regreso al poder de antiguos íconos de la política sudamericana como Juan Domingo Perón, Víctor Raúl Haya de la Torre, Raúl Alfonsín y Julio María Sanguinetti; transiciones a la democracia de naciones que pasaron de gobiernos militares a gobiernos electos, y tensiones políticas mundiales por el realineamiento de naciones latinoamericanas en un mundo bipolar donde lo dominante siempre fue la tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
Nos tocó observar la caída de crueles dictadores como Anastasio Somoza en Nicaragua y Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana. También las viejas dictaduras de España,Portugal y Grecia a principios de los setenta. Los revolucionarios nicaragüenses, que tantas expectativas generaron en las izquierdas de América, no tardaron en defraudar las esperanzas que despertaron al devolver a su país a la dictadura familiar, ahora con la familia Ortega.
También nos tocó el ascenso de Salvador Allende en Chile y el golpe de Estado perpetrado por Augusto Pinochet en septiembre de 1973, que estableció un dominio —entre represiones y ausencia de libertades— de casi 18 años en la sufrida nación sudamericana.
La Revolución Cubana generó expectativas entre las izquierdas y apoyos políticos considerables de gobiernos como el de México, que en todo momento se solidarizó con el gobierno de la isla a través de apoyos y oficio diplomático siempre cuidado ante el contexto mundial y los organismos internacionales.
Pocos lo previeron, pero la disolución de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín impactaron notablemente la fuerza de las izquierdas en el mundo. Cayeron las llamadas democracias populares del Este europeo y desaparecieron casi todos los partidos comunistas —a excepción de China, Cuba y Corea del Norte—, y a las izquierdas les llegó la reconversión a la socialdemocracia, empezando por los regímenes europeos y no pocos de América Latina que buscaban equilibrar las conquistas sociales con las transiciones a la democracia. Cayó también el régimen de apartheid (1948-1990) de Sudáfrica y vimos el ascenso de Nelson Mandela que después de 27 años en la cárcel llegó a la presidencia de su país entre 1994 y 1999.
Pero a pesar de los turbulentos cambios en el mundo, Cuba siguió igual: cero partidos políticos, demasiados presos políticos, falta de libertades, falta de democracia, un gran éxodo de la población hacia el estado de Florida y una fuerte dependencia del exterior para suministros básicos como energéticos y alimentos.
Muchos cubanos exiliados en Estados Unidos formaron fuertes capitales y lograron posiciones políticas importantes en el Congreso estadounidense, lo que aceleró el descrédito del régimen de Castro y las presiones del gobierno americano, que nunca quitó el dedo del renglón demandando cambios políticos y económicos en la isla —ya sin los apoyos que lo sostenían desde 1991— en un mundo de mayor complejidad, con la aparición de China en el escenario global y una dirigencia más calculadora al frente del gobierno de Rusia.
Ante esas circunstancias, Cuba se fue debilitando. Su longevo gobernante Fidel Castro ya había perdido el apoyo de importantes figuras intelectuales que antes lo respaldaron y defendieron.
Castro llegó al poder en 1959. Sus diferencias irreconciliables con Ernesto "Che" Guevara provocaron que este abandonara la revolución y el gobierno, y buscara extenderla en escenarios muy arriesgados como Bolivia, donde encontró la muerte, a partir de la cual su figura política e histórica creció desmesuradamente.
Osvaldo Dorticós Torrado fue una figura opaca que desempeñó el cargo de presidente de la República de 1959 a 1976.
Fidel Castro Ruz, nacido en 1926, gobernó Cuba primero como primer ministro de 1959 a 1976, y posteriormente como presidente del Consejo de Estado y de la República de 1976 —cuando se eliminó el cargo de presidente de la República— a 2008. Murió en noviembre de 2016. Total: 57 años en el poder.
Lo sucedió su hermano Raúl Modesto Castro Ruz, nacido en 1931, quien gobernó Cuba de 2008 a 2018. Total: 10 años y un mes.
A Raúl Castro lo sucedió Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, nacido en 1960, quien se desempeña como presidente —cargo restablecido en la Constitución cubana en 2019— desde octubre de ese año a la fecha. Total: 6 años y cinco meses hasta ahora.
Ya sin los apoyos políticos, económicos e intelectuales históricos que caracterizaron a Cuba, y con el gobierno de Donald Trump, la isla y su gobierno viven una de sus peores crisis, que nadie en su sano juicio sabe cómo, cuándo ni de qué forma terminará.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirma que a él le tocará presenciar el desenlace de la crisis cubana y anuncia diálogos con sus gobernantes para buscarle una salida a lo que parece una crisis terminal. Cuba no tiene energía ni petróleo y busca apoyos en alimentos. La población está desesperada ante tanta carencia y se observan expresiones de desencanto e inconformidad social que pueden derivar en una crisis mayor.
¿Y México? ¿Cómo nos afecta la crisis cubana? ¿Cómo la resolvimos en el pasado?
De Adolfo López Mateos (1958-1964) a Claudia Scheinbaum (2024-2030), doce presidentes de México (Y 13 de los Estados Unidos) han debido enfrentar y lidiar, en mayor o menor medida, con la crisis cubana —desde el voto en contra de su expulsión de la OEA en Punta del Este, Uruguay, la condonación de deudas y el abasto de energéticos, hasta el "comes y te vas" de Fox a Fidel Castro—.
Desde 1902, México ha contado con excelentes diplomáticos que han contribuido a distender la relación con el gobierno de la isla, apoyando siempre a esa nación con altos costos políticos para México en el contexto internacional. Por eso es importante hacer algunas reflexiones: ¿El cambio que viene en Cuba; será gradual o violento?¿Será pactado con sus actuales autoridades o éstas quedarán fuera de la jugada?
¿Significará el final de la crisis cubana un éxodo de la población hacia México? ¿Crecerá el sentimiento anti-México que ha dominado por años entre los cubanos residentes en Estados Unidos? Nadie lo sabe. ¿Está preparado el gobierno mexicano para enfrentar los principales desafíos políticos y económicos de la crisis cubana que se aproxima? ¿Habrá definiciones más allá de la retórica oficial del humanismo solidario? No tardaremos mucho en saberlo.
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