Quién defiende la autosuficiencia alimentaria?


 

Por Alberto Vizcarra Ozuna

 

            Cuando te van  a quitar cien y solo te quitan setenta, lo puedes presumir como un logro, aunque en términos reales no lo sea. Un poco de ese sabor amargo es el que queda entre los productores rurales de Sonora y de otras regiones productoras de granos básicos del país, a los que el gobierno federal solo les concedió un incremento de 4.8 por ciento en el llamado ingreso objetivo, precio que tiene como referencia, para el caso del maíz y el trigo, los valores de mercado establecidos por la bolsa de Chicago.

 

            Para el caso del trigo cristalino, cuyo precio el año pasado fue de 4,556 pesos, la tonelada, con el incremento del 4.8 por ciento terminará en 4,774. El aumento porcentual supone la tasa de inflación promedio que el gobierno estima, valor que para el caso de la agricultura esta muy por debajo de los galopantes costos de producción registrados en los combustibles, fertilizantes y las tasas de interés en los créditos. La negociación dejó por fuera la demanda de los productores de que los Programas Soporte en los precios no se limitaran a veinte o treinta hectáreas, si el gobierno va a continuar con los mismos lineamientos comerciales derivados del TLCAN, ahora rebautizado como Tratado México, Estados Unidos, Canadá (TMEC).

 

            Lo negociado está en los términos de lo que se llama “manejo de  crisis”, pero muy por debajo del trazo que los alcances del discurso presidencial vienen planteando en materia alimentaria para el país. Concluido el episodio, se levanta con fuerza la interrogante de qué es lo que viene para el futuro inmediato con respecto a la política de precios para los granos básicos. Mientras eso se define, quien si salió ganando es la política de recortes de la Secretaría de Hacienda, pues impuso el límite de las veinte hectáreas en los apoyos compensatorios a los precios de los granos básicos a los productores de las zonas de riego del país, en tanto los campesinos de las regiones de autoconsumo, en su mayoría no recibirán los recursos porque no tenían cultivos en pie.

 

            No es malo tener el cielo como meta, pero junto a ello se tiene que construir la escalera. El presidente Andrés Manuel López Obrador, no deja fuera de su discurso el propósito de la autosuficiencia alimentaria y lo sostiene con ahínco. Es enfático en repetir que tenemos que dejar de depender de las importaciones en granos como maíz, trigo,fríjol y arroz, pero a la hora de la planificación que ese propósito exige, las metas físicas y los volúmenes de producción proyectados para los próximos años en estos granos, no son el referente, sino que impera la idea de un simple redistribucionismo presupuestal, una especie de compensación social más cargada al asistencialismo de las regiones marginadas del país que a la meta física de incrementar la producción de granos básicos.

 

            Parecería que la meta de la autosuficiencia alimentaria, es una evocación emblemática, una especie de símbolo de un propósito nacional que no ha logrado establecer un vínculo con la realidad. El gobierno sigue tratando a los productores de granos de los distritos de riego del país, como si fueran comerciantes y no como productores nacionales que deben desempeñar un papel protagónico en la tarea de lograr que el país produzca sus propios alimentos. Los mismos agricultores, que hablan de la autosuficiencia alimentaria, no se percatan que lo hacen también con una postura de comerciantes desde la trinchera de la llamada agricultura comercial, discurso infundido por los grandes corporativos trasnacionales que controlan el mercado mundial de alimentos y que hacen negocios precisamente con la dependencia alimentaria de los países.

 

            Estas evidentes y agudas contradicciones, necesitan resolverse, si realmente vamos a emprender la marcha hacia la autosuficiencia alimentaria. Es insostenible el supuesto de que la agricultura de autoconsumo le va otorgar al país la capacidad para lograr ese objetivo y que se puede coexistir con la idea de la agricultura de exportación (llamada comercial) cuando al mismo tiempo se postula el fortalecimiento en la producción nacional de granos básicos. Por ejemplo, producimos 3 millones de toneladas de trigo al año, mientras el consumo nacional es de 7 millones de toneladas, por lo cual importamos 4 millones de toneladas del cereal, pero al mismo tiempo exportamos al mercado global 1.3 millones de toneladas. Siendo marcadamente dependientes, al mismo tiempo somos exportadores e importadores de granos.

 

            Es al estado y más al gobierno que teóricamente se propone un cambio en la política alimentaria, a quien le corresponde corregir estas contradicciones. Lo importante es que dentro de los productores rurales, ejidatarios, colonos y pequeños propietarios, se está gestando una intensa discusión que ha puesto estos asuntos sobre la mesa. Los productores tienen la experiencia y la capacidad para contribuir a la elaboración de un nuevo plan nacional alimentario, en donde se revise a fondo los requerimientos de consumo percápita del pueblo mexicano y la capacidad instalada; el hectareaje bajo riego, la infraestructura hidroagrícola, la necesidad apremiante de ampliar la frontera agrícola para crear nuevos distritos de riego y asegurar los segundos cultivos en los que ya están operando; también revisar  el estado que guarda la investigación científica y tecnológica, especialmente en el mejoramiento de semillas.

 

 

           

Comentarios

Comenta ésta nota

Su correo no será publicado, son obligatorios los campos marcados con: *